Reflexiones

Sapere aude

    La expresión latina sapere aude suele traducirse como “atrévete a saber”. Sin embargo, sapere no solamente significa “saber” sino también “tener inteligencia y buen juicio”. Por tanto, otras interpretaciones o significados de sapere aude pueden ser: “atrévete a usar tu inteligencia, tu entendimiento”; “atrévete a tener criterio propio”; “atrévete a pensar, a razonar”.

    El poeta romano Quinto Horacio Flaco utilizó esta expresión en una de sus epístolas: Dimidium facti, qui coepit, habet. Sapere aude, incipe (Quien empezó, ya hizo la mitad. Atrévete a saber, empieza).

    Pero fue el filósofo alemán Immanuel Kant quien la hizo “famosa” al incluirla en su ensayo “¿Qué es la Ilustración?”, en el cual señala lo siguiente:

    La Ilustración es el movimiento del ser humano que busca salir de la puerilidad mental de la que él mismo es culpable. Esta puerilidad es la incapacidad de usar la propia razón sin la guía de otra persona. Se es culpable de esta puerilidad cuando su causa no es la falta de inteligencia, sino la falta de decisión o de valor para pensar sin ayuda ajena. “Sapere aude”, ¡ten el valor de utilizar tu propio entendimiento!, he aquí la divisa de la Ilustración.

    Así pues, usa tu inteligencia, tu entendimiento; piensa, razona; ten criterio propio… ¡Sapere aude!

Reflexiones

El Decálogo de Solón

    Solón de Atenas fue un poeta, político y legislador griego que realizó reformas legales muy importantes para la democracia ateniense y es considerado uno de los “Siete Sabios” de Grecia. A este sabio se atribuyen las siguientes diez máximas o preceptos éticos que se les conoce como el “Decálogo de Solón”:

  1. Confía más en la honradez que en el juramento. Solón nos insta a prestar más atención a las obras y a la conducta, que a los juramentos y las palabras.
  2. No mientas. Esta es una máxima universal; la encontramos en las distintas culturas y religiones.
  3. Realiza buenas acciones. Según otras versiones: Aplícate a cosas útiles o Persigue objetivos dignos. En todo caso, es un llamado a tener una conducta virtuosa.
  4. No te hagas amigo de cualquiera y no abandones a quienes son tus amigos. La verdadera amistad es muy valiosa y difícil de encontrar; no cualquiera es un verdadero amigo; por tanto, si tienes amigos verdaderos, cultiva esa amistad.
  5. Manda cuando hayas aprendido a obedecer. Este precepto es vital para la democracia, pues todo líder auténticamente democrático gobierna obedeciendo al pueblo y a las leyes.
  6. No aconsejes lo más agradable, sino lo mejor. Con “lo mejor” Solón se refiere a lo que los griegos llamaban areté, es decir, lo excelente, lo más elevado.
  7. Ten por guía a la razón. Se refiere a que debemos guiarnos por la inteligencia, por la racionalidad, por la sensatez.
  8. No te familiarices con los malos. Los “malos” son la gente deshonesta, corrupta, sin ética, etc.
  9. Venera a los dioses. Es un llamado a cultivar la espiritualidad.
  10. Honra a tus Padres. Es otro precepto que también está presente en muchas culturas y religiones; recordemos, por ejemplo, el mandamiento judeocristiano: Honrarás a tu Padre y a tu Madre.
Jesús de Nazaret

Jesús y las riquezas

    Según los Evangelios, el Maestro Jesús se refirió en varias ocasiones a las riquezas y a las posesiones en general:

    Guardaos de toda avaricia, porque la vida del ser humano no consiste en la abundancia de los bienes que posee. (Lucas 12:15)

    Vended lo que poseéis y dad limosna. No os hagáis tesoros en la Tierra, donde el ladrón hurta y la polilla destruye; más bien, haceos tesoros en el Cielo…

(Mateo 6:19-20 y Lucas 12:33)

    No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mateo 6:24 y Lucas 16:13)

    Principalmente, Jesús hace un llamado en contra del afán desordenado de poseer y adquirir bienes materiales, pues son perecederos y –por tanto– no constituyen lo más importante en la vida del ser humano.

    La expresión “dad limosna” no se refiere a lo que entendemos actualmente como “limosna”, sino a que debemos ser generosos y solidarios.

    Jesús pide que en vez de acumular y dar tanta importancia a lo superficial y perecedero (“tesoros en la Tierra”), hagamos “tesoros en el Cielo”, es decir, que cultivemos virtudes, valores, que procuremos lo espiritual.

    Además, el Maestro Jesús afirma tajantemente que no se puede servir a Dios y a las riquezas, lo cual significa que quien da una importancia excesiva a lo material es porque no se cultiva espiritualmente; en cambio, quien se cultiva espiritualmente no da una importancia excesiva a lo material, sino sólo la necesaria. Asimismo, si se tienen riquezas, lo verdaderamente espiritual es que éstas sean utilizadas para ayudar al prójimo.

    Lo que critica Jesús no es simplemente el hecho de ser rico o poseer riquezas, sino el hecho de estar apegado a ellas y tener una visión materialista y superficial de la vida.

    Un muy buen ejemplo es el diálogo del Maestro Jesús con un “joven rico”:

   Un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué debo hacer para heredar la Vida Eterna?

    Jesús le respondió: Cumple con los Mandamientos: no robes, no mates, no cometas adulterio, no digas falso testimonio, honra a tu Padre y a tu Madre…

    El joven entonces dijo: Todo esto lo he cumplido desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

    Y Jesús le contestó: Una cosa te falta: anda y reparte todas tus posesiones entre los pobres, y tendrás Tesoro en el Cielo; luego, ven y sígueme.

    El joven se fue muy triste porque era muy rico, tenía muchas posesiones.

    Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas. Y también les dijo: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que confían en las riquezas.

(Mateo 19:16-23 / Marcos 10:17-24 / Lucas 18:18-24)

    La primera pregunta que hace el joven rico a Jesús es sobre “heredar la Vida Eterna”, como si esta se tratara de una posesión material, lo cual revela el materialismo del joven rico y su ignorancia acerca de lo espiritual.

    Jesús le responde aconsejándole cumplir los Mandamientos, es decir, que lleve una vida basada en valores morales, éticos y espirituales. Sin embargo, el joven afirma que ha cumplido todo eso desde su juventud; entonces Jesús le pide que “reparta sus posesiones entre los pobres” para que tenga “Tesoro en el Cielo”, lo cual es un llamado a que se libere de los apegos y del materialismo, y a que sea solidario y utilice su riqueza para ayudar al prójimo; y termina diciéndole “ven y sígueme”, lo cual es una invitación a que se cultive espiritualmente siguiendo las enseñanzas y el ejemplo de vida que él (Jesús) estaba dando al mundo.

    Pero el joven se fue muy triste porque era “muy rico”; esto hace que Jesús diga a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas, y también: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que confían en las riquezas.

    Ser “muy rico”, tener muchas “posesiones”, tener “riquezas”, confiar en las “riquezas”, todas estas expresiones se refieren a los apegos y al materialismo; el “joven rico” simboliza al ser humano con muchos apegos y materialista; por tanto, para entrar en el Reino de Dios es indispensable cultivarse espiritualmente y renunciar al materialismo y a los apegos, pues –como sabemos– buscar o procurar el “Reino de Dios” significa permitir que la espiritualidad, el amor, la solidaridad, etc., reinen en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra vida, dentro de nosotros y entre nosotros.

   Nota: En el Evangelio según Mateo se utiliza la expresión “Reino de los Cielos”, la cual es sinónima de “Reino de Dios”.