Reflexiones

¿Envidia o Admiración?

    Hay quienes hablan de “envidia de la buena”; sin embargo, no existe la “envidia buena”. La envidia siempre es negativa. Quizás, quienes utilizan esta expresión lo hacen porque carecen de vocabulario y no conocen el significado de la palabra “envidia”, ni tampoco el de la palabra que –me parece– es la que deberían utilizar: “admiración”.

    La palabra “envidia” significa “tristeza o pesar del bien ajeno”; la envidia es un sentimiento de rabia o tristeza provocado por el bienestar ajeno y porque se tiene un deseo desordenado de poseer lo envidiado. En cambio, “admiración” es sentir estima o agrado hacia alguien o algo por sus cualidades. Por tanto, en vez de “envidia de la buena”, digamos “admiración”.

Símbolos

El Árbol del Conocimiento

    arbol-del-conocimientoSegún la Biblia, específicamente según el libro del Génesis, Dios ordenó que no se debía comer del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Sin embargo, la Serpiente señaló que al comer el fruto de ese árbol, los ojos serían abiertos y se podría saber lo bueno y lo malo. Finalmente, Adán y Eva comieron el fruto y fueron castigados por su desobediencia.

    El Árbol del Conocimiento (o Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal o Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal) y todo el relato, los personajes y los elementos asociados, tienen una simbología bastante amplia e interpretaciones muy diversas: libre albedrío, toma de decisiones, responsabilidad, consecuencias de las acciones realizadas y las decisiones tomadas, duda y confusión (por estar entremezclados el Bien y el Mal), etc.

    En la simbología bíblica, la Serpiente está relacionada con la tentación y con la astucia; de hecho, en el Génesis es calificada como el animal más astuto; no obstante, en la simbología esotérica está asociada –entre otras cosas– con el conocimiento; por tanto, al invitar a Eva a que coma el fruto para que sus ojos sean abiertos y pueda conocer el Bien y el Mal, se está refiriendo al conocimiento de la dualidad o totalidad dualista del mundo material (bueno y malo, placer y dolor, luz y oscuridad, sujeto y objeto, etc.), es decir, es una invitación a tomar conciencia de la dualidad materialista.

    El haber desobedecido a Dios comiendo el fruto del Árbol del Conocimiento es lo que se conoce como “Pecado Original”, pues a partir de ese acto de desobediencia se originaron todos los males del ser humano, simbolizados por los castigos que recibieron Adán y Eva. Pero ¿qué significa obedecer a Dios o desobedecerlo? “Obedecer a Dios” significa obedecer a valores éticos, morales, espirituales, etc., y llevar una vida acorde con ellos, lo cual produce consecuencias positivas; en cambio, “desobedecer a Dios” significa tener una conducta plagada de antivalores, lo cual –por supuesto– produce consecuencias nefastas al ser humano. Decía San Agustín que los frutos del Árbol no eran malos, sino la desobediencia de Adán y Eva.

    El monje budista Buddhadasa Bikkhu interpretaba el relato del Árbol del Conocimiento de una manera bien interesante. Él decía que todo este relato significa que el apego al dualismo es el “Pecado Original”, ya que es la base del apego a este mundo impermanente, insatisfactorio y superficial, y –por tanto– la causa principal del sufrimiento.

    Adán y Eva aún no tenían ningún concepto acerca de lo que era “bueno” y lo que era “malo”; solamente sabían que Dios les había dicho que no comieran de ese árbol; de modo que al sufrir las consecuencias de su desobediencia, comenzaron a comprenderlo. Esto representa al ser humano que está empezando a formarse moralmente, a darse cuenta de que sus acciones y decisiones generan consecuencias de las cuales él o ella es responsable. Representa también el libre albedrío porque cada quien elige o decide si obedece (a principios éticos y morales, por ejemplo) o desobedece, es decir, hace el “mal”.

    ¿Era un manzano el Árbol del Conocimiento?

    En latín, malus significa “malo”, pero al manzano (el árbol) también se le llamaba malus en latín, aunque su pronunciación era un poco diferente, y a su fruto (la manzana) se la llamaba mala. En la Biblia no se especifica si el Árbol del Conocimiento era un manzano. Todo parece indicar que al ser traducida la Biblia al latín comenzó la “confusión” de estos términos y se empezó a representar el Árbol del Conocimiento como un manzano. Además, en la antigüedad existían otros mitos similares relacionados con manzanas; como las manzanas del Jardín de las Hespérides, la manzana de la discordia, entre otros, y quizás influyeron también en la “confusión”. Por ejemplo, es importante señalar que en el Jardín de las Hespérides (mitología griega) había un árbol con manzanas de oro que era custodiado por un dragón (recordemos que la palabra “dragón” proviene del griego drakon que significa “serpiente”).

Reflexiones

Carpe Diem

    En una de sus Odas, el poeta romano Quinto Horacio Flaco escribió: Carpe diem, quam minimum credula postero, que en latín significa “aprovecha el día de hoy, no confíes en el mañana”.

    Algunos interpretan esta expresión así: “hay que vivir cada día como si fuera el último”; pero éste es un error, pues esta interpretación puede dar pie a vivir entregado a los excesos y al extremismo.

    El Carpe Diem es un llamado a vivir el presente de la mejor manera posible, de la manera más sana, productiva y sensata; de hecho, el mismo Horacio en su obra literaria exalta y promueve la vida sencilla y la práctica de la moderación.

Símbolos

La Triple Diosa

    Es una de las deidades principales en el Neopaganismo. Representa cada una de las etapas de la mujer y, además, tres fases lunares distintas: La Doncella (Luna Creciente), la Madre (Luna Llena) y la Anciana (Luna Menguante).

    La Doncella simboliza los inicios, la juventud y el entusiasmo. La Madre simboliza la fertilidad, la madurez y la estabilidad. La Anciana simboliza la sabiduría, el descanso y la etapa final de algo.

    La Triple Diosa está asociada también con la tríada mitológica griega conformada por Artemisa, Selene y Hécate. La Doncella es Artemisa: diosa virgen de la caza y “Reina de la Tierra y la Naturaleza”. La Madre es Selene: La Luna, “Reina del Cielo”. La Anciana es Hécate: La Magia, la Sabiduría Oculta, la “Reina de las Brujas y del Inframundo”.

    El símbolo de la Triple Diosa es la Triple Luna (la Luna Llena en el centro y las Lunas Creciente y Menguante a los lados), el cual puede incluir otro símbolo en el centro (Pentáculo, Trisquel, etc.).

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Reflexiones

Junto al Mar

(Leyenda medieval)

    Un día, San Agustín paseaba junto al mar y pensaba en muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios; una de ellas, la doctrina de la Trinidad. De pronto, vio a un niño que jugaba en la arena; lo observó más de cerca y vio que el niño corría hacia el mar, llenaba un cubo de agua y volvía donde estaba antes, y vaciaba el agua en un hoyo. El niño hacía esto una y otra vez, hasta que San Agustín, sumido en una gran curiosidad, se acercó al niño y le preguntó: ¿Qué haces? Y el niño le respondió: Estoy sacando toda el agua del mar y vertiéndola en este hoyo. San Agustín exclamó: ¡Pero eso es imposible! Entonces el niño le dijo: Más difícil es que llegues a descifrar el misterio de la Santísima Trinidad.

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