La Biblia · Símbolos

Jonás y… ¿la ballena?

    En la Biblia, específicamente en el Libro de Jonás, se narra que el profeta Jonás fue tragado por un pez enorme, estuvo dentro tres días y tres noches, y luego salió. En el cristianismo se considera que este episodio fue una manera de anunciar o profetizar la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, ya que el mismo Jesús –a quienes le pedían una señal– respondió: Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en las entrañas de la tierra (Mateo 12:40).

    Tradicionalmente se dice que el profeta Jonás estuvo dentro de una ballena, pero en el Libro de Jonás no se menciona a una ballena, sino a un “gran pez” o un “pez enorme” (y la ballena no es un pez, sino un “mamífero pisciforme”). Quizás, el autor del libro sí se refería a una ballena, pero entonces no se conocía a este animal por ese nombre. También es bueno señalar que hay varios relatos antiguos inspirados en el mitológico Ceto (del griego Ketos: “pez grande”), el cual es un terrible y gigante monstruo marino relacionado con los peligros del mar, y que además da origen a la palabra “cetáceo” que se refiere a las ballenas.

    En cualquier caso, cuando fue tragado por el “gran pez”, Jonás venía de rechazar la misión que Dios le había encomendado. Dentro del pez, se produjo en Jonás un cambio de actitud. Luego salió dispuesto a llevar a cabo la misión que Dios le había encomendado. De modo que ser tragado por un pez enorme (o un monstruo marino, o alguna criatura gigante) y después salir vivo, puede ser interpretado simbólicamente como un proceso de “muerte” (de una manera de pensar o de una actitud negativa) y “resurrección” (una nueva manera de pensar o una nueva actitud).

    Leer: Yo Soy la Resurrección y la Vida

Biblioteca

Agustín de Hipona

Confesiones (Versión 1)

Confesiones (Versión 2)

El Sermón de la Montaña (Libro I)

El Sermón de la Montaña (Libro II)

La Ciudad de Dios

La Inmortalidad del Alma

Lo Mejor de Agustín de Hipona I

Lo Mejor de Agustín de Hipona II

San Agustín de Hipona (Ángel Peña)

San Agustín de Hipona (U. Ferrer y Á. Román)

San Agustín y su Filosofía

Jesús de Nazaret

El Hijo Pródigo

    El Maestro Jesús contó la siguiente parábola:

    Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Papá, dame la parte de la herencia que me corresponde”. Así que el padre repartió la herencia entre sus dos hijos. Poco tiempo después, el hijo menor se fue a un país lejano, vivió allí desenfrenadamente y derrochó su parte de la herencia. Cuando ya se había quedado en la ruina, sobrevino una grave escasez en aquel país y el joven comenzó a pasar necesidad. Entonces buscó trabajo, y un hombre de aquel país lo empleó para que cuidara los cerdos que tenía en su campo. El joven estaba pasando tanta hambre que hubiera sido capaz de comerse lo que comían los cerdos. Finalmente, recapacitó y se dijo: “los trabajadores de mi padre tienen toda la comida que necesitan, y yo aquí me estoy muriendo de hambre. Volveré a mi casa y le diré a mi padre que me he comportado muy mal con Dios y con él, que no merezco ser llamado hijo, pero que me dé empleo y que me trate como a cualquiera de sus trabajadores”. Entonces regresó a la casa de su padre.

    Cuando su padre lo vio, lo recibió amorosamente, y el joven le expresó su arrepentimiento. El padre ordenó que le trajeran la mejor ropa y mandó matar un ternero para realizar un banquete y celebrar el regreso de su hijo, pues dijo: “este hijo mío es como si hubiera muerto y ahora ha regresado a la vida, se había perdido y ahora lo hemos encontrado”. Y comenzó la fiesta.

    Mientras tanto, el hijo mayor estaba trabajando en el campo. Al volver a la casa y ver que se hacía una fiesta, preguntó qué ocurría; y le dijeron: “tu hermano ha regresado sano y salvo, y tu padre ha mandado matar un ternero para realizar un banquete y celebrarlo”. Entonces el hermano mayor se enojó y no quería entrar. Así que su padre salió a pedirle que entrara. El hijo mayor le dijo: “He trabajado para ti desde hace muchos años, y nunca te he desobedecido; pero a mí jamás me has dado siquiera un cabrito para que haga una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que regresa él, después de malgastar su parte de la herencia teniendo una vida de excesos, matas para él el ternero más gordo!”. El padre le contestó: “¡Hijo mío! Tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero tenemos que alegrarnos, porque este hermano tuyo es como si hubiera muerto, y ahora ha vuelto a vivir; como si se hubiera perdido, y ahora lo hemos encontrado.”

(Lucas 15:11-32)

    La palabra “pródigo” se refiere a una persona que desperdicia lo que tiene en cosas inútiles. No se debe confundir con la palabra “prodigio” (algo o alguien extraordinario).

    Esta parábola, junto con las parábolas de la Oveja Perdida y la Moneda Perdida constituyen una trilogía conocida como “parábolas de la misericordia” o “parábolas de la alegría”.

    Lo primero que llama la atención en esta parábola es que el hijo menor pide que le adelanten su parte de la herencia. Esto demuestra una terrible ansiedad e inmadurez. El error o pecado del joven no es solamente la petición ansiosa de su parte de la herencia, sino la libertad mal utilizada y el mal uso de la riqueza (libertinaje y derroche) que lo llevan a la ruina.

    Después de malgastar su parte de la herencia y quedar en la ruina, el joven tuvo que trabajar cuidando cerdos, pero el cerdo es un animal impuro para los judíos; de modo que el hecho de que el joven aceptara este trabajo e incluso estuviera dispuesto a comer lo que ellos comían, nos indica que había tocado fondo. A veces, el ser humano lleva una vida tan egoísta e inconsciente que tiene que caer hasta el punto más bajo para darse cuenta de su error.

    La situación extrema del joven no era un “castigo divino”, sino el resultado de sus malas decisiones y acciones. El joven entonces, arrepentido, regresó a la casa de su padre, el cual lo recibió con amor y sin juzgarlo. Con esto, el Maestro Jesús enseña que Dios es un padre amoroso y misericordioso que siempre perdonará y recibirá de esta manera a quien reconozca los errores que ha cometido y esté dispuesto a corregirlos y llevar una vida de bien.

    En esta parábola, el Padre representa a Dios y su misericordia. La herencia son todas las bendiciones que Dios nos da. El hijo menor representa a quienes, haciendo uso de su libre albedrío, deciden tomar un mal camino. Y el hijo mayor representa a quienes se supone que marchan por el buen camino, pero pecan de soberbia, pues piensan que están por encima de los demás y suelen juzgar a las personas muy a la ligera. En la parábola, el Padre explicó la situación al hijo mayor para que tomara conciencia y no se dejara llevar por esa actitud tan baja.

    Esta parábola es conocida tradicionalmente como la parábola del “hijo pródigo” o también como la parábola del “hijo perdido”. Sin embargo, al resaltar la misericordia de Dios hacia sus hijos arrepentidos y su alegría ante su regreso al buen camino, muchos consideran que el nombre de esta parábola debería ser “parábola del padre misericordioso” o “parábola del padre amoroso”.