Conny Méndez

El uso de las palabras creadoras “Yo Soy”

    Cuando alguien piensa, siente, escribe o pronuncia las palabras “Yo Soy”, inmediatamente despierta o alerta la atención de la Energía Vital en sí mismo y en todo lo que le rodea. El Universo entero procede a manifestar, a dar forma a lo que viene después. ¿Por qué es esto? Porque las palabras “Yo Soy” son sagradas, son la señal establecida para indicar a la Energía Vital que ha llegado el momento de Crear.

    La Vida siempre ha obedecido al mandato, mental o audible, que está precedido de las palabras mágicas “Yo Soy”, pues son el nombre de Dios (Éxodo 3:14). Cuando una persona conoce el poder de este nombre, jamás lo usa para expresar un decreto negativo o una mentira, sino para hacer el Bien y expresar la Verdad. Por eso, ¡cuiden sus palabras!, ¡cuiden sus decretos después de pronunciar el santo, mágico y poderosísimo “Yo Soy”! 

Conny Méndez

¿Qué es el Cristo?

    El Cristo es nuestra Verdad, es lo más noble de cada uno. ¿Qué nos une a todos nosotros como hijos de Dios? ¿Qué nos identifica? Tres cosas: Conciencia, Inteligencia y Amor. Todo ser humano tiene Conciencia, Inteligencia y Amor. ¿Qué es el Cristo? Es la expresión de Conciencia, Inteligencia y Amor en sus grados más altos. Es lo que somos, pero en la escala más alta, pura y perfecta. 

Conny Méndez

El Decreto

    Cada palabra que se pronuncia es un decreto que se manifiesta en lo exterior. La palabra es el pensamiento hablado. Jesús dijo dos cosas que no han sido tomadas en serio. Una: “Por tus palabras serás condenado y por tus palabras serás justificado”. La segunda referencia que hizo al poder de la palabra fue: “No es lo que entra por su boca lo que contamina al hombre, sino lo que de su boca sale; porque lo que de la boca sale, del corazón procede”. Más claro no se puede expresar. Te propongo que prestes atención a todo lo que tú decretas en un solo día. No te sorprendas ni te quejes si al expresarlo lo ves ocurrir. Lo has decretado. Has dado una orden que tiene que ser cumplida. Ahora recuerda y no olvides jamás: CADA PALABRA QUE PRONUNCIAS ES UN DECRETO. Positivo o negativo. Si es positivo, se te manifiesta en bien. Si es negativo, se te manifiesta en mal. Si es contra el prójimo, es lo mismo que si lo estuvieras decretando contra ti: SE TE DEVUELVE.

    El sentimiento que acompaña a un pensamiento es lo que lo graba más firmemente en el subconsciente. El Maestro Jesús, que jamás empleó palabras superfluas, lo expresó muy bien al decir: “Lo que de la boca sale, del corazón procede”. Y esto nos da la clave inequívoca. Cada vez que te encuentres diciendo una frase negativa, sabrás qué clase de concepto errado tienes arraigado en el subconsciente y a qué clase de sentimiento obedece: temor, desamor, etc. Atájalo, niégalo, bórralo, y afirma la Verdad, si no quieres continuar manifestándolo en tu exterior. Al poco tiempo de esta práctica, notarás que tu hablar es otro; que tu modo de pensar es otro; tú y tu vida se estarán transformando por la renovación de tu mente. Cuando estés reunido con otras personas, te darás cuenta de la clase de conceptos que poseen y lo comprobarás en todo lo que les ocurre. Siempre que escuches conversaciones negativas, no afirmes nada de lo que expresen. Piensa: NO LO ACEPTO NI PARA MÍ, NI PARA NADIE.  

Conny Méndez

La Fórmula Infalible

    Cada mente humana contiene una acumulación de opiniones, convicciones o conceptos contrarios a la Verdad y en conflicto con los principios básicos de la Creación, y que están perennemente manifestando en las condiciones exteriores todas esas calamidades y sufrimientos que aquejan al ser humano y al mundo en general: enfermedades, accidentes, dolencias, pleitos, desarmonías, escasez, fracasos, etc. Felizmente, nada de eso se ajusta a la Verdad del Ser. Existe la manera de borrar todas esas creencias falsas y sustituirlas por correctas, que no solamente produzcan condiciones y circunstancias positivas, buenas, felices, correctas, sino que, una vez corregido el error y establecida la Verdad en el subconsciente, nunca más podrán volver a suceder las cosas negativas en nuestras vidas.

    La fórmula infalible es la siguiente: Cada vez que te ocurra algo indeseable, que te enfermes, que te ocurra un accidente, que te roben, que te ofendan, que te molesten, o que tú seas la causa de algún mal hacia otro o hacia ti mismo; si eres afligido por un defecto físico, o moral, o de carácter; si te desagrada alguien, si lo detestas, o si amas demasiado y sufres por esto; si te torturan los celos, si te enamoras de alguien que pertenezca a otro; si eres víctima de una injusticia, etc., CONOCE LA VERDAD.

    Jesucristo, el más grande de todos los Maestros de Metafísica, dijo: Conoced la Verdad y ella os hará libres. La Verdad es la armonía, la belleza, la bondad, la justicia, la libertad, la salud, la vida, la inteligencia, la sabiduría, el amor, la felicidad… Todo lo opuesto es apariencia.

    Tu “Yo Superior” es perfecto. En este momento y siempre ha sido perfecto. Ésa es la Verdad; es tu Verdad, la mía, la de todos los seres humanos ahora mismo. No es que el ser humano sea Dios; así como una gota de agua de mar no es el mar, pero contiene todo lo que forma y contiene el mar en un grado infinitesimal; y para un átomo, esa gota de agua es un mar.

    Cualquier cosa que estés manifestando, que te esté ocurriendo contraria a la armonía perfecta, o que tú mismo estés haciendo contraria a la armonía perfecta, se debe a una creencia errada que tú creaste y que por reflejo estás lanzando hacia afuera y atrayendo su igual. No tiene nada que ver con tu “Yo Superior”; éste continúa perfecto; sus condiciones y su situación son perfectas.

    Ahora bien, en cada una de las circunstancias negativas enumeradas más arriba, debes recordar lo que te acabo de explicar, primeramente, y luego decir mentalmente o en voz alta, como quieras, “No lo acepto”. Dilo con firmeza, pero con infinita suavidad. Los trabajos mentales no necesitan de la fuerza física. Ni el pensamiento ni el espíritu tienen músculos. Cuando tú digas “No lo acepto”, hazlo como si dijeras “No me da la gana”, tranquilamente, pero con la misma convicción y firmeza, sin gritar, sin violencia, sin brusquedad.

    Después de haber dicho “No lo acepto”, recuerda que tu “Yo Superior” es perfecto; que sus condiciones son perfectas. Entonces di: “Declaro que la Verdad de esta situación es… (armonía, amor, inteligencia, justicia, vida, salud, etc., cualquiera que sea lo opuesto a la condición negativa que se esté manifestando en ese momento). Gracias, Padre, que me has oído”.

    No tienes por qué creer ciegamente lo que estás leyendo. Debes comprobarlo tú mismo. En el lenguaje metafísico esto se llama un “tratamiento”. Después de todo tratamiento hay que conservar la actitud que se ha declarado. No se puede uno permitir que entre la duda respecto a la eficacia del tratamiento, ni se puede volver a expresar en palabras los conceptos, opiniones y creencias de antes, porque se destruye, se anula el tratamiento. El propósito es transformar el patrón mental que ha estado dominando en el subconsciente, o sea, el clima mental en que has estado viviendo con toda su serie de circunstancias negativas.

    Hay convicciones que están tan arraigadas que son lo que se llama en el lenguaje metafísico “cristalizaciones”. Éstas requieren más trabajo que otras, pero cada “negación” y “afirmación” que se haga respecto a estas cristalizaciones va borrando el diseño original hasta que desaparece totalmente y sólo queda la Verdad. Verás los milagros que ocurren en tu vida, en tu ambiente y en tus condiciones. Tú no tienes defectos, sino apariencia de defectos. Lo que ves como defectos morales o físicos son transitorios porque al “Conocer la Verdad” de tu “Yo Superior”, comienzan a borrarse las imperfecciones.

    Ésta es la Gran Verdad. No la olvides jamás. Comienza ahora mismo a practicarla. Mientras más la practiques, más te realizas, más avanzas y más feliz te sentirás. 

Conny Méndez

La Mecánica del Pensamiento

    Todo el día estamos pensando en una infinidad de cosas distintas. Pasa por nuestra mente una especie de película cinematográfica constante, aunque desconectada. Entre tantas ideas diferentes, nos detenemos a contemplar, examinar o estudiar algunas más que otras. ¿Por qué? Porque nos han estimulado el sentimiento. Nos han producido un sentimiento de temor o de antipatía, de simpatía o de lástima, un sentimiento de agrado o de desagrado, no importa. El hecho es que por aquel sentimiento, la idea nos interesa, la repasamos más tarde, tal vez la comentamos con alguien. Esta idea pasa al subconsciente y se graba allí. Una vez que se graba una idea en el subconsciente se convierte en un “reflejo”. Tú sabes que cuando el médico te da un golpecito en la rodilla, tu pierna da un salto. Te han tocado un punto sensible y has reaccionado. Así, pues, cada vez que ocurre en tu vida algo referente a una de las ideas que están grabadas en tu subconsciente, el “reflejo” reacciona en la forma exacta en que fue grabado. Tú adoptas entonces una actitud de acuerdo con el sentimiento original que tuviste cuando primero pensaste en aquella idea. Los metafísicos llamamos a esto un “concepto”, o sea, una creencia, una convicción.