Jesús de Nazaret

Jesús y la Regla de Oro

(Mateo 7:12 / Lucas 6:27 / Lucas 6:32-35)

    El principio ético que conocemos como Regla de Oro ha sido expresado a lo largo de la historia de distintas maneras (Leer: Regla de Oro).

    Jesús de Nazaret lo expresó así: Como queráis que los demás hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

    Sin embargo, Jesús agregó: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian… Porque si solamente amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que les aman. Y si solamente hacéis el bien a los que os hacen el bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo… Vosotros, en cambio, amad a vuestros enemigos y haced el bien a todos.

    Es decir, a diferencia de otros, el Maestro Jesús deja muy claro que debemos tratar a todos de la mejor manera posible; no solamente a aquellos que nos tratan bien, sino también a aquellos que no necesariamente son nuestros amigos, aquellas personas con las cuales no simpatizamos, e incluso aquellos que pudiéramos considerar enemigos.

Jesús de Nazaret

Jesús y las Mujeres

    A continuación, les dejo el enlace al artículo Las Mujeres en la Vida de Jesús del brasileño Leonardo Boff (Teólogo de la Liberación).

    Y, además, el enlace a Extractos del Libro “Jesús, Aproximación Histórica” del sacerdote español José Antonio Pagola, en los cuales se hace referencia a la relación de Jesús con las mujeres.

    Asimismo, les dejo estos dos artículos: La Conveniencia del Sacerdocio para las Mujeres y Lo Femenino fue Primero también de Leonardo Boff.

¡Feliz Día de la Mujer!

Aunque, en realidad, todos los días deben ser Día de la Mujer.

Jesús de Nazaret · Símbolos

La Crucifixión

    La Crucifixión era un método antiguo de tortura y ejecución, en el cual el condenado era clavado en una cruz de madera y dejado ahí hasta morir. Como hemos leído en los Evangelios, Jesucristo fue crucificado y esa Crucifixión ha dado pie a muchas interpretaciones religiosas, simbólicas, esotéricas, etc., algunas de las cuales son mencionadas a continuación:

    Para el Cristianismo, la Crucifixión de Jesús es un símbolo de Sacrificio y Redención del género humano.

    Jesús fue crucificado en el Monte Calvario (Gólgota, del griego Golgotha y éste a su vez del arameo Gulgalta, que significa “Calavera”, “Cráneo”; en latín Calvaria o Calvarius). Este nombre se debe a que ése era un lugar de ejecución y, por tanto, había muchas calaveras; asimismo, se decía que esa colina se parecía a una calavera; de hecho, en algunas pinturas aparece un cráneo o calavera al pie de la Cruz. No obstante, todo esto puede ser también una alusión a la mente: Debemos Crucificar nuestra mentalidad mundana (pensamientos, ideas, conceptos), para que surja una nueva mentalidad, una nueva conciencia.

    Además, se dice que el cráneo al pie de la Cruz representa a Adán, que según cuenta la leyenda fue sepultado ahí en el Gólgota, y también hay que mencionar la relación simbólica entre Adán y Jesús: Adán representa al ser humano ingenuo, inconsciente aún, mientras que Jesús representa al ser humano que ha evolucionado y alcanzado la Conciencia Plena, Crística, Espiritual.

    La palabra “Crucificar” proviene del latín “crucificare” que significa “hacer una cruz”. Si al signo negativo (-) le trazamos una línea vertical, lo estaríamos convirtiendo en positivo (+). La Crucifixión es la transmutación de lo negativo en positivo. Esto se logra, por ejemplo, cuando aprendemos alguna lección o enseñanza a partir de una adversidad y la utilizamos para crecer, para avanzar, para evolucionar. Crucificar es erradicar todo lo negativo que hay en nosotros mismos en pensamiento, palabra, acción y emoción. Para que haya Resurrección, primero debe haber Crucifixión; para que se produzca en nosotros una Transformación Espiritual y manifestemos el Ideal Crístico, primero debemos Crucificar toda la negatividad que haya en nosotros. Para que surja lo positivo, debemos Crucificar lo negativo.

    Una de las frases que Jesús pronuncia en la Cruz es: Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu, la cual nos indica una Entrega Total a Dios y a su Voluntad; entrega que Jesús siempre ejemplificó en vida y también expresó de palabra en varias ocasiones (por ejemplo, en el Padre Nuestro: Hágase tu Voluntad en la Tierra como en el Cielo); Entrega Total de la cual nosotros también deberíamos ser ejemplo.

Jesús de Nazaret

Yo Soy la Resurrección y la Vida

Yo Soy la Resurrección y la Vida;

el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá;

y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.

(Juan 11:25-26)

    El Maestro Jesús nos indica de esta manera que el Espíritu, Eso que somos en Esencia, es Eterno; y la “muerte” a la que se refiere no es la muerte física (en alguna ocasión dijo: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos), sino que debemos “morir” a todo tipo de pensamientos, emociones y conductas perniciosas, para poder “renacer”, para poder renovarnos; es decir, la Resurrección consiste en la transformación total del ser humano, en un cambio positivo y profundo de uno mismo.

    Otra interpretación es la que se deriva de lo expresado por Pablo de Tarso en su epístola a los Efesios (capítulo 5, versículo 14): Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Podríamos decir entonces que la Resurrección es el despertar de la Conciencia Crística, pues el que cree en mí… (quien sigue el Ideal Crístico) aunque esté muerto (dormido, inconsciente) vivirá (despertará, tomará conciencia); y todo aquel que vive y cree en mí (quien ya es consciente, quien ya ha “despertado” y sigue el Ideal Crístico) no morirá eternamente (no volverá a “dormirse”). Yo Soy la Resurrección y la Vida significa que Cristo es Conciencia Despierta y Vida Renovada.

(Artículo Principal: Los “Yo Soy” del Maestro Jesús)

Jesús de Nazaret

Luz y Sal

    Ustedes son la Sal de la Tierra. Pero si la Sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

    Ustedes son la Luz del Mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre la Luz de ustedes delante de los hombres, de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los Cielos.

(Mateo 5:13-16)

    Jesús dice a sus Discípulos: Ustedes son la Luz del Mundo y la Sal de la Tierra. ¿Qué significa?

    La Luz simboliza a Dios, al Espíritu, a Cristo, el Ideal Crístico (Yo Soy la Luz del Mundo), las Enseñanzas de Jesús, la Verdad, las Virtudes. Por tanto, ser la Luz del Mundo significa que cada Discípulo de Jesús debe ser Luz para todos en todo, es decir, debe llevar una vida ejemplar en acciones, lenguaje, pensamientos y emociones; debe representar o procurar representar de la mejor manera el Ideal Crístico.

    La Sal simboliza conservación, preservación, pues la Sal conserva los alimentos (especialmente carnes y pescados) y evita que se corrompan, que se descompongan. En consecuencia, ser la Sal de la Tierra significa que el Discípulo debe practicar y promover la práctica de las Enseñanzas de Jesús, pues contienen principios y valores muy elevados que evitan que el ser humano se corrompa.

    La Sal condimenta, da sabor; por tanto, simboliza entusiasmo, optimismo, una actitud positiva ante la vida. Ser la Sal de la Tierra es que el Discípulo sienta todo esto, lo profese y –con su ejemplo motivador– haga que los demás también lo sientan, lo profesen y a su vez influyan positivamente en otros.

    La Sal simboliza también pureza, purificación. Ser la Sal de la Tierra es que el Discípulo lleve a cabo en sí mismo un proceso de “limpieza integral” (ética, emocional, mental, etc.) para después ayudar a los demás a realizarlo.

    La Sal produce sed. Ser la Sal de la Tierra significa que cada Discípulo debe producir en las demás personas “sed de Dios”, “sed de lo Espiritual”, “sed de virtudes”, es decir, que toda persona que lo vea, que lo escuche o que lo lea, busque dedicar más tiempo a Dios, a lo Espiritual, a lo virtuoso.

    Éstos son los deberes de todo Discípulo de Jesús; no cumplirlos es fallar al Maestro y a sí mismo; cumplirlos es ser un digno representante del Ideal Crístico.

Jesús de Nazaret

Uno es vuestro Maestro y Guía

No queráis que os llamen Maestro o Guía,

porque Uno es vuestro Maestro y Guía: el Cristo.

(Mateo 23: 8 y 10)

    Aquí Jesús se refiere a nuestro Maestro Interior, a la Presencia de la Inteligencia Divina o de la Sabiduría Divina que se encuentra en cada uno de nosotros.

    A Jesús lo llamamos Maestro porque él manifestaba perfectamente al Cristo, pero nos pide que no busquemos ser llamados de esta manera, pues no se trata de un trofeo que debemos procurar para exhibirlo vanidosamente.

    El Cristo debe ser nuestro único Guía (o Líder), es decir, la Conciencia Crística, las Enseñanzas de Jesús y su ejemplo de vida es lo que debe guiarnos siempre porque es la mejor manera de activar y escuchar a nuestro Maestro Interior, al Cristo que está en nosotros.

    Así pues, sigamos al Cristo y no a líderes mundanos.

Jesús de Nazaret

Uno es vuestro Padre

No llaméis padre vuestro a nadie en la Tierra,

porque Uno es vuestro Padre:

el que está en los Cielos.

(Mateo 23:9)

    El Maestro Jesús nos ha dicho: Uno es vuestro Padre. Esto significa que tenemos un mismo y único Origen Espiritual, que nuestro Ser es parte de una misma y única Esencia Universal: Dios.

    El que está en los Cielos es una manera de expresar lo elevado y sublime que es nuestro Origen y también de recalcar que éste es Espiritual y no material o terrenal. Por esta razón, Jesús nos dijo enfáticamente: No llaméis padre vuestro a nadie en la Tierra. Nuestra terrenalidad o materialidad es temporal, circunstancial, ilusoria; no es ese nuestro Origen; no es lo que somos realmente; no somos terrenales o materiales; nuestro Ser Verdadero es Espiritual, es Divino.

Jesús de Nazaret

El trigo y la cizaña

    El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, entonces apareció también la cizaña. Se acercaron los siervos al dueño del campo y le preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?’. Y él les dijo: ‘Un enemigo ha hecho esto’. Los siervos le dijeron: ‘Entonces, ¿quieres que vayamos y la recojamos?’. Pero él dijo: ‘No; no sea que al recoger la cizaña arranquen con ella el trigo. Dejen crecer a ambos hasta la siega. Cuando llegue el tiempo de la siega, yo diré a los segadores: Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla. Pero reúnan el trigo en mi granero’.

(Mateo 13:24-30)

    Más adelante (en Mateo 13:36-43) aparece lo que según este Evangelio es la explicación que da Jesús acerca de esta parábola. Sin embargo, también puede interpretarse de la siguiente manera:

    Sembrar buena semilla en el campo propio, el trigo y su cultivo, representan el esfuerzo que hace alguien por albergar y llevar a cabo las mejores intenciones y mantener una conducta intachable, es decir, alguien que procura realizar solamente buenas acciones y albergar pensamientos y emociones nobles; asimismo, alguien que utiliza la palabra en aras del Bien y de la Verdad y que busca adentrarse cada vez más en lo Espiritual. En cambio, la cizaña y el enemigo que la siembra representan todo lo negativo (la corrupción, las malas intenciones, los pensamientos viles, las emociones ruines, las malas acciones, el uso perjudicial de la palabra, el materialismo, etc.). Dejar crecer juntamente el trigo y la cizaña para luego quitar completamente y con mayor facilidad la cizaña, significa que erradicar de nosotros todo lo negativo no es algo que va a ocurrir de la noche a la mañana, sino que es un proceso gradual; y, además, si se intenta hacer de manera súbita, no se tendrá éxito (no sea que al recoger la cizaña arranquen con ella el trigo).

    De modo que si nos dedicamos con perseverancia y paciencia a cultivar en nosotros solamente virtudes, llegará el día en el cual lograremos erradicar toda la cizaña de nuestra vida.

Jesús de Nazaret

Mi Reino no es de este mundo

    Según el Evangelio de Juan (capítulo 18, versículo 36), Jesús dijo: Mi Reino no es de este mundo. ¿Qué significa esto?

    Con la palabra “Reino”, el Maestro Jesús se está refiriendo al Reino de Dios, es decir, a un estado de conciencia y a una práctica que él encarnaba y por lo cual dice “mi Reino”. Ahora bien, la expresión “este mundo” se refiere a este plano de existencia y a la negatividad que se manifiesta entre los seres humanos: inconsciencia, egoísmo, materialismo, odio, guerras, etc., y –por supuesto– no es el mal ejemplo mundano el que debemos seguir para alcanzar el Reino de Dios.