Misceláneas

Señales Divinas

(Antiguo Relato Cherokee)

*

Un hombre exclamó: ¡Dios, habla conmigo!

Y un ruiseñor empezó a trinar…

Pero el hombre no le prestó atención.

Volvió a pedir: ¡Dios, habla conmigo!

Y un trueno resonó…

Pero el hombre no le dio importancia.

Entonces exclamó: ¡Dios, déjame verte!

Y el Sol brilló en el firmamento…

Pero el hombre ni se dio cuenta.

Nervioso, comenzó a gritar:

¡Dios, muéstrame un milagro!

Y he aquí que nació un niño…

Pero el hombre no se detuvo

a admirar el milagro de la vida.

Desesperado, gritó: ¡Dios, si existes, tócame

y déjame sentir tu presencia aquí y ahora!

Y una mariposa se posó en su hombro…

Pero él, irritado, la apartó con una mano.

Decepcionado y entre lágrimas,

siguió su camino vagando sin rumbo,

solo y lleno de miedo

porque no supo interpretar

las señales de la Presencia de Dios.

Misceláneas

Un beduino y Mahoma

Un beduino se acercó al profeta Mahoma y exclamó:

¡Oh, mensajero de Dios! Enséñame una máxima

cuya práctica me permita ir al Cielo.

Entonces el profeta le dijo: Así como quisieras

que los demás te hagan, haz con ellos;

y lo que no quisieras que ellos te hagan, no les hagas.

Misceláneas

La Verdad y la Mentira

(Autor: Jean-Léon Gérôme)

    Cuenta la leyenda que un día la Verdad y la Mentira se cruzaron.

Buenos días. Dijo la Mentira.

Buenos días. Contestó la Verdad.

Hermoso día. Dijo la Mentira.

    Entonces la Verdad se asomó para ver si era cierto. Lo era.

Hermoso día. Respondió la Verdad.

Aún más hermoso está el lago. Dijo la Mentira.

    Entonces la Verdad miró hacia el lago y vio que era cierto nuevamente lo que decía la Mentira; por tanto, asintió.

    Corrió la Mentira hacia el agua y dijo:

El agua está tibia. Nademos.

    La Verdad tocó el agua con sus dedos y realmente estaba tibia, así que confió en la Mentira.

    Ambas se quitaron las ropas y nadaron tranquilas.

    Un rato después, salió la Mentira, se vistió con la ropa de la Verdad y se fue.

    La Verdad, incapaz de vestirse con la ropa de la Mentira, comenzó a caminar desnuda y todos se asombraban al verla.

    Es así como aún hoy en día la gente suele preferir la Mentira disfrazada de Verdad y no la Verdad al desnudo.

Misceláneas

Conocimiento y Victoria

Tomado de El Arte de la Guerra

*

Si conoces a tu adversario

y te conoces a ti mismo,

siempre podrás vencer.

*

Si no conoces a tu adversario,

pero te conoces a ti mismo,

podrás ganar o perder.

*

Si no conoces a tu adversario,

ni tampoco a ti mismo,

siempre serás derrotado.

Misceláneas

Mi delirio sobre el Chimborazo

Autor: Simón Bolívar

    Yo venía envuelto en el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguílas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra?

    ¡Sí podré!

    Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo.

    Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.

    De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…

    Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre es la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano.

    Sobrecogido de un terror sagrado, «¿cómo, ¡oh Tiempo! -respondí- no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».

    Observa -me dijo-, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres. El fantasma desapareció.

    Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.

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En el país de los sueños

    Un maestro solía tomar una siesta todas las tardes y uno de sus discípulos le preguntó por qué lo hacía. El maestro le respondió: Voy al país de los sueños a encontrarme con los sabios antiguos.

    Entonces un día el discípulo decidió tomar una siesta, pero el maestro se molestó, despertó al discípulo y lo regañó.

    El discípulo se defendió explicando que él había ido al país de los sueños a encontrarse con los sabios antiguos, y añadió: Les pregunté que si usted iba a encontrarse con ellos todas las tardes.

    El maestro, sorprendido, le preguntó: ¿Y qué te dijeron?

    El discípulo contestó: ¡Que nunca lo habían visto, maestro!

Misceláneas

Deja atrás tu ego

    Un hombre renunció a todo y llegó a las puertas de lo Divino. Había renunciado a su riqueza, a su esposa, a su casa, a sus hijos, a la sociedad, a todo. Y después de haber renunciado a todo, se acercó a las puertas de lo Divino. Sin embargo, el portero lo detuvo y le dijo:

    Todavía no puedes entrar. Primero, ve y déjalo todo atrás.

    El hombre, sorprendido, exclamó: ¡Yo lo he dejado todo!

    El portero entonces le explicó: Te has traído tu ego. Dices que has dejado todo atrás, pero no dejaste atrás tu ego. Vete, suéltalo y vuelve.

    El hombre  dijo: No tengo nada. Tengo la bolsa vacía. No tengo dinero, ni esposa, ni hijos. No poseo nada.

    El portero finalmente expresó lo siguiente: Todavía tienes tu ego en tu bolsa. Vete y suéltalo. Estas puertas siempre estarán cerradas para los que no dejan atrás su ego.