Reflexiones

La Conducta de los Gobernantes

    Mencio (372 a.C.–289 a.C.), un gran filósofo confuciano, en alguna ocasión expresó lo siguiente:

    En otras épocas, cuando un gobernante incurría en alguna falta, ansiaba corregirse. En estos tiempos, los gobernantes no solamente persisten en sus faltas, sino que también tratan de excusarse utilizando toda clase de pretextos.

    Esto significa entonces que la conducta de los gobernantes no ha cambiado mucho desde los tiempos de Mencio hasta nuestros días.

Reflexiones

La Regla de Oro

    Trata a los demás como te gustaría ser tratado, o también No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan, son variantes de un principio ético que se conoce como Regla de Oro y que forma parte de la ética de la reciprocidad.

    La Regla de Oro la podemos encontrar expresada de distintas maneras en diversas religiones y culturas, y por diferentes filósofos y sabios.

    A continuación, algunos ejemplos:

    En la Biblia, en Levítico 19:18, leemos: No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo.

    Y también: No hagas a los demás lo que a ti te desagrada. (Tobías 4:15)

    En Mateo 7:12 y Lucas 6:31 encontramos la Regla de Oro expresada por Jesús de Nazaret: Como queráis que los demás hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

        Y además Jesús dijo: Esto os mando: Que os améis los unos a los otros. (Juan 15:17)

    En alguna ocasión, alguien preguntó a Confucio: ¿Existe un principio que pueda guiar la conducta humana a través de la vida? Y Confucio respondió: No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan.

    Un hadiz islámico dice: Ninguno de vosotros es verdaderamente un devoto si no quiere para su prójimo lo que quiere para sí mismo.

    Se cuenta que un beduino se acercó al profeta Mahoma y exclamó: ¡Oh, mensajero de Dios! Enséñame una máxima cuya práctica me permita ir al Cielo. Entonces el profeta le dijo: Así como quisieras que los demás te hagan, haz con ellos; y lo que no te gusta que ellos te hagan, no les hagas. 

    En el Zoroastrismo, religión de origen persa, encontramos: No hagas a los demás lo que no es bueno para ti mismo. (Shayast-na-Shayast 13.29)

    Y en el Dhammapada, uno de los textos fundamentales del Budismo: Quien buscando la felicidad perjudica a los demás, no la alcanzará. La felicidad solamente es alcanzada por quien la busca sin perjudicar a los demás.

    Mahavira, principal figura del jainismo, enseñó: En la felicidad y el sufrimiento, en la alegría y el dolor, debemos considerar a todas las criaturas como nos consideramos a nosotros mismos.

    Y en épocas más recientes, el filósofo alemán Hans Reiner se refería a la Regla de Oro así: No hagas tú lo que reprochas a otros. Actúa como consideras que los demás deben hacerlo.

    Aunque no necesariamente los demás van a tratarte como tú los tratas; sin embargo, por principio, debes tratar a todos con bondad, ahimsa, honradez… Es decir, debes tratar a todos de la mejor manera posible; pero también, aplicando la ética de la reciprocidad y una variante no muy mencionada de la Regla de Oro…

NO DEBES PERMITIR

QUE ALGUIEN TE HAGA

LO QUE TÚ NO LE HARÍAS.

Reflexiones

Disposición o Actitud Mental

Tomado de una conferencia pronunciada por Tenzin Gyatso (14° Dalai Lama) en Julio de 1996 en Manchester, Inglaterra.

    El entorno es un factor importante para alcanzar un estado de ánimo favorable y feliz. Sin embargo, el elemento fundamental es nuestra propia disposición o actitud mental. Nuestro entorno puede no ser favorable, incluso puede ser hostil, pero si nuestra actitud mental es la correcta, éste no afectará nuestra paz interior. Por el contrario, si nuestra disposición mental no es la adecuada, aunque estemos rodeados por nuestros mejores amigos y contemos con todas las facilidades, nunca seremos felices. Ésta es la razón por la cual la actitud mental es más importante que las condiciones externas. No obstante, muchos parecen más preocupados por las condiciones externas que por su propia disposición mental. 

Reflexiones

Kairós y Kronos

    En la antigua Grecia se decía que una persona sabia es la que conoce el momento adecuado, el tiempo oportuno, el Kairós. Esta palabra se refiere a lo cualitativo del tiempo, mientras que Kronos es lo cuantitativo del tiempo (días, horas, minutos…). Es decir, Kairós es el tiempo de calidad, el tiempo que le dedicas a lo verdaderamente importante: a Dios, a tus seres queridos, a ti mismo, a mejorar, a evolucionar, etc. Kairós se refiere a qué uso hacemos de Kronos.

    Kairós es el momento adecuado u oportuno para hacer algo. Kairós se refiere al momento en el cual algo importante sucede. Kairós puede referirse también al tiempo como momento de crisis, como época decisiva.

    En gran parte, la vida del ser humano está regida por Kronos (horarios, fechas, calendarios…). Sin embargo, Kairós “nos pide” que no nos llenemos de compromisos, de obligaciones, de estrés, que dediquemos tiempo al silencio, a la espiritualidad, a nuestros seres queridos, a compartir con ellos, a actividades recreativas, a hacer ejercicio, etc.

La Biblia · Reflexiones

Más importante que cualquier sacrificio…

Practicar la honradez y la justicia

es más agradable a Dios

que el sacrificio.

(Proverbios 21:3)

*

Misericordia quiero y no sacrificio,

y conocimiento de Dios más que holocaustos.

(Oseas 6:6)

*

    Más importante que cualquier sacrificio, es nutrirnos espiritualmente, practicar la honradez, ser justos, y tratar con misericordia y amor a todos.

Reflexiones

La Dignidad Humana

    La palabra “digno” suele definirse como “merecedor de algo”, “que se corresponde con las cualidades o méritos de algo o de alguien”, “que tiene dignidad o se comporta con dignidad”. Y “dignidad” es “cualidad de digno”, “cualidad de quien se respeta y se valora a sí mismo y a los demás, se comporta con responsabilidad y seriedad, y no permite que lo humillen ni degraden”. De modo que la dignidad implica honradez, decencia y conciencia de nuestra valía como seres humanos.

    Se considera que la dignidad es un valor inherente al ser humano y se basa en el reconocimiento de la persona como merecedora de respeto; de hecho, el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa lo siguiente:

    Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

    De manera que, en teoría, todos somos dignos, todos tenemos dignidad. Sin embargo, esa dignidad inherente puede verse afectada de muchas maneras y, por tanto, es necesario cuidarla, cultivarla; debemos comportarnos precisamente de manera digna, fraternalmente los unos con los otros, para no manchar o dañar nuestra dignidad.

Filosofía · Reflexiones

Solipsismo

    Del latín Solus Ipse o Ego Solus Ipse, que significa “solamente uno mismo”, “solamente yo”. El Solipsismo es una teoría filosófica según la cual “solamente existo yo” o “sólo sé que yo existo”, mientras que todo lo que me rodea (objetos, personas, etc.) no tienen existencia real, son creaciones de mi mente, son “creaciones mías”, o simplemente son percepciones mías; de modo que sólo puedo estar seguro de mi propia existencia, solamente puedo conocer mi propio yo, pues es lo único real.

    Sin embargo, hay diferentes maneras de interpretar el Solipsismo. Por ejemplo, podríamos decir que es egoísmo y egocentrismo llevados al extremo; de hecho, hay más de uno por ahí que pareciera pensar: “Solamente yo existo, los demás no existen, y si acaso existen, no me importan, pues solamente yo importo”. Quien así piensa es entonces una especie de solipsista, que cuando le hablas no te presta atención o no te deja hablar, pero cuando él habla te obliga a que le prestes atención y a nadie más; solamente le interesa lo suyo y exige que lo atiendan, pero este solipsista nunca está pendiente de los demás, es decir, demuestra con sus acciones y con su actitud que está convencido de que solamente existe él y que todo lo que le rodea es como una fantasía o –si existe– está ahí para servirle a él y a nadie más.

 

Reflexiones

Eunomía

    El siguiente es un fragmento de los escritos de Solón de Atenas conocido con el título de “Eunomía” (palabra de origen griego que significa “buena ley”, “buen gobierno”), tomado del libro Los Siete Sabios (y tres más) de Carlos García Gual. En este fragmento Solón nos da a entender que son los excesos humanos y no “la voluntad de los dioses” lo que lleva a la humanidad al desastre.

    No va a perecer jamás nuestra ciudad por designio de Zeus ni a instancias de los dioses felices. Tan magnífica es Palas Atenea, nuestra protectora, hija del más fuerte, que extiende sus manos sobre ella. Pero sus propios ciudadanos, con actos de locura, quieren destruir esta gran ciudad por buscar sus provechos, y la injusta codicia de los jefes del pueblo, a los que aguardan numerosos dolores que sufrir por sus grandes abusos. Porque no saben dominar el hartazgo ni orden poner a sus actuales triunfos en una fiesta de paz, se hacen ricos cediendo a manejos injustos. Ni de los tesoros sagrados ni de los bienes públicos se abstienen en sus hurtos, cada uno por su lado al pillaje, ni siquiera respetan los augustos cimientos de Dike, quien silenciosa conoce lo presente y el pasado, y al cabo del tiempo en cualquier forma viene a vengarse. Entonces alcanza a toda la ciudad esa herida inevitable y pronto la arrastra a una pésima esclavitud que despierta la lucha civil y la guerra dormida, lo que arruina de muchos la amable juventud. Porque no tarda en agostarse una espléndida ciudad formada de enemigos, en bandas que sólo los malos aprecian. Mientras esos males van rodando en el pueblo, hay muchos de los pobres que emigran a tierra extranjera, vendidos y encadenados con crueles argollas y lazos. Así, la pública desgracia invade el hogar de cada uno y las puertas del atrio no logran entonces frenarla, sino que salta el muro del patio y encuentra siempre incluso a quien se esconde huyendo en el cuarto más remoto.

    Mi corazón me impulsa a enseñar a los atenienses que muchísimas desdichas procura a la ciudad el mal gobierno, y que el bueno lo deja todo en buen orden y equilibrio, y a menudo apresa a los injustos con cepos y grillos; alisa asperezas, detiene el exceso y borra el abuso; reseca los brotes de un progresivo desastre, endereza sentencias torcidas, suaviza los actos soberbios, hace que cesen los ánimos de discordia civil y calma la ira de la funesta disputa. Con Buen Gobierno, todos los asuntos humanos son rectos y ecuánimes.