Jesús de Nazaret

Jesús y la Regla de Oro

(Mateo 7:12 / Lucas 6:27 / Lucas 6:32-35)

    El principio ético que conocemos como Regla de Oro ha sido expresado a lo largo de la historia de distintas maneras (Leer: Regla de Oro).

    Jesús de Nazaret lo expresó así: Como queráis que los demás hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

    Sin embargo, Jesús agregó: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian… Porque si solamente amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que les aman. Y si solamente hacéis el bien a los que os hacen el bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo… Vosotros, en cambio, amad a vuestros enemigos y haced el bien a todos.

    Es decir, a diferencia de otros, el Maestro Jesús deja muy claro que debemos tratar a todos de la mejor manera posible; no solamente a aquellos que nos tratan bien, sino también a aquellos que no necesariamente son nuestros amigos, aquellas personas con las cuales no simpatizamos, e incluso aquellos que pudiéramos considerar enemigos.

Filosofía

El Optimismo como Filosofía de Vida

    La palabra “Optimismo” proviene del francés Optimisme y ésta del latín Optimum, que significa “lo mejor”. Se dice que esta palabra empezó a utilizarse para referirse a la doctrina expresada por el filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz en su obra Teodicea, según la cual vivimos en el mejor de los mundos posibles. Además, Leibniz hace referencia en esa obra a lo mejor en diferentes aspectos o ámbitos, y considera que todo tiende a lo mejor, mientras que lo “malo” es un paso u oportunidad para la consecución de algo mejor.

    El DRAE nos dice que el Optimismo es la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable” y la “doctrina filosófica que atribuye al universo la mayor perfección posible”.

    El Optimismo consiste en resaltar los mejores aspectos, los aspectos más favorables de cada situación o circunstancia, y en tratar de superar los más negativos y adversos.

    El Optimista se enfoca en lo mejor; procura pensar, sentir, decir y hacer lo mejor. Tiene la convicción de que el bien prevalecerá, y él o ella forma parte del bien. No ignora la realidad y sus dificultades, el optimista afronta esas dificultades dando lo mejor de sí.

    Por ejemplo, en caso de presentarse un problema o adversidad, el optimista hace todo lo posible para encontrar la solución o ayudar a encontrarla.

    No sé si vivimos en el mejor mundo posible, como sostenía Leibniz, pero si cada uno de nosotros se convierte en un mejor ser humano, ayudará a que el mundo mejore.

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Según estudios, el Optimismo es beneficioso para la salud psicológica y física.

Leer: Optimismo y Salud

Bestiario · Símbolos

La Anfisbena

    Se trata de un animal mitológico, a veces representado como una serpiente con dos cabezas (una en cada extremo del cuerpo) y en otras ocasiones como un dragón con alas y garras, o como una serpiente con torso de ave, alas y garras, pero igualmente con dos cabezas, una en cada extremo. Según la mitología griega, la Anfisbena “nació” de la sangre que brotó de la cabeza de Medusa, cortada por Perseo.

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    El nombre de esta criatura proviene del griego Amphis (ambos lados, ambas direcciones) y Bainein (ir, moverse): “que va en dos direcciones”, “que se mueve por ambos lados”.

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    La Anfisbena simboliza la dualidad, la mezcla del Bien y del Mal; sus alas hacen referencia a la capacidad de elevarse, mientras que sus garras representan el apego a lo terrenal; esto nos recuerda que debemos decidir si nos apegamos a lo mundano o nos elevamos hacia lo espiritual. En algunas ilustraciones una cabeza de la Anfisbena muerde a la otra, lo cual significa que el Bien vence al Mal.

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Mis Cuentos

Katharo, el Unicornio

    Katharo, como todos los unicornios, permanecía invisible la mayor parte del tiempo y solamente aparecía para auxiliar a personas puras y bondadosas haciendo uso de su mágico cuerno que era capaz de muchas proezas.

    Nílrem era un hechicero que sabía de los poderes mágicos del cuerno del unicornio, pero no había podido conseguir ninguno, pues no era puro ni bondadoso. Así que este hechicero utilizaría a una doncella para hacer aparecer a algún unicornio y tratar de quitarle su cuerno.

    Anna sería la víctima de Nílrem. Ella era una joven dedicada a socorrer a los menesterosos, y era conocida por su devoción a hacer el bien y por su absoluta falta de malicia.

    Nílrem, haciéndose pasar por mendigo, fue donde Anna pidiendo comida. Ella no solamente lo atendió y le sirvió comida y bebida, sino que además se sentó a comer con él.

    En un descuido de Anna, Nílrem vertió en la bebida de ella unas gotas de una pócima venenosa. Después de tomarse la bebida, Anna empezó a sufrir los efectos de la pócima y luego se desmayó. Mientras tanto, el malvado hechicero esperaba al unicornio para atraparlo y quitarle su mágico cuerno.

    Katharo, al percibir que una jovencita pura y bondadosa estaba en problemas, acudió a rescatarla. Sin embargo, él también advirtió la presencia del hechicero y, sobre todo, captó su mala intención.

    Katharo apareció e inmediatamente disparó con su cuerno un rayo contra Nílrem, desvaneciéndolo por completo. Luego, también con su mágico cuerno, tocó a la jovencita suprimiendo así el veneno, sanándola e inmunizándola.

    Al volver en sí, Anna vio al unicornio y, emocionada, lo abrazó. Entonces preguntó por el mendigo, y Katharo le respondió: No te preocupes, él se ha ido. Tú debes continuar ejerciendo tu bondad infinita atendiendo a los menesterosos.

    Al terminar de expresar estas palabras, Katharo se invisibilizó nuevamente y Anna siguió haciendo el bien.

Epicteto

Algunos Consejos

    Epicteto afirmaba que es una necedad creer que la libertad y la felicidad consisten en que todo ocurra según nuestros deseos, pues hay cosas que dependen de nosotros y otras que no.

    Recomendaba que debemos cultivar el hábito de pensar antes de actuar y antes de hablar, para que podamos medir bien las consecuencias de nuestros actos y de nuestras palabras.

    Además, nos aconseja que no debemos relacionarnos con cualquiera, que debemos relacionarnos solamente con buenas personas, con personas que nos eleven, que sean una buena influencia para nosotros y, de igual modo, nosotros debemos ser una buena influencia para los demás.

Símbolos

El Árbol del Conocimiento

    arbol-del-conocimientoSegún la Biblia, específicamente según el libro del Génesis, Dios ordenó que no se debía comer del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Sin embargo, la Serpiente señaló que al comer el fruto de ese árbol, los ojos serían abiertos y se podría saber lo bueno y lo malo. Finalmente, Adán y Eva comieron el fruto y fueron castigados por su desobediencia.

    El Árbol del Conocimiento (o Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal o Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal) y todo el relato, los personajes y los elementos asociados, tienen una simbología bastante amplia e interpretaciones muy diversas: libre albedrío, toma de decisiones, responsabilidad, consecuencias de las acciones realizadas y las decisiones tomadas, duda y confusión (por estar entremezclados el Bien y el Mal), etc.

    En la simbología bíblica, la Serpiente está relacionada con la tentación y con la astucia; de hecho, en el Génesis es calificada como el animal más astuto; no obstante, en la simbología esotérica está asociada –entre otras cosas– con el conocimiento; por tanto, al invitar a Eva a que coma el fruto para que sus ojos sean abiertos y pueda conocer el Bien y el Mal, se está refiriendo al conocimiento de la dualidad o totalidad dualista del mundo material (bueno y malo, placer y dolor, luz y oscuridad, sujeto y objeto, etc.), es decir, es una invitación a tomar conciencia de la dualidad materialista.

    El haber desobedecido a Dios comiendo el fruto del Árbol del Conocimiento es lo que se conoce como “Pecado Original”, pues a partir de ese acto de desobediencia se originaron todos los males del ser humano, simbolizados por los castigos que recibieron Adán y Eva. Pero ¿qué significa obedecer a Dios o desobedecerlo? “Obedecer a Dios” significa obedecer a valores éticos, morales, espirituales, etc., y llevar una vida acorde con ellos, lo cual produce consecuencias positivas; en cambio, “desobedecer a Dios” significa tener una conducta plagada de antivalores, lo cual –por supuesto– produce consecuencias nefastas al ser humano. Decía San Agustín que los frutos del Árbol no eran malos, sino la desobediencia de Adán y Eva.

    El monje budista Buddhadasa Bikkhu interpretaba el relato del Árbol del Conocimiento de una manera bien interesante. Él decía que todo este relato significa que el apego al dualismo es el “Pecado Original”, ya que es la base del apego a este mundo impermanente, insatisfactorio y superficial, y –por tanto– la causa principal del sufrimiento.

    Adán y Eva aún no tenían ningún concepto acerca de lo que era “bueno” y lo que era “malo”; solamente sabían que Dios les había dicho que no comieran de ese árbol; de modo que al sufrir las consecuencias de su desobediencia, comenzaron a comprenderlo. Esto representa al ser humano que está empezando a formarse moralmente, a darse cuenta de que sus acciones y decisiones generan consecuencias de las cuales él o ella es responsable. Representa también el libre albedrío porque cada quien elige o decide si obedece (a principios éticos y morales, por ejemplo) o desobedece, es decir, hace el “mal”.

    ¿Era un manzano el Árbol del Conocimiento?

    En latín, malus significa “malo”, pero al manzano (el árbol) también se le llamaba malus en latín, aunque su pronunciación era un poco diferente, y a su fruto (la manzana) se la llamaba mala. En la Biblia no se especifica si el Árbol del Conocimiento era un manzano. Todo parece indicar que al ser traducida la Biblia al latín comenzó la “confusión” de estos términos y se empezó a representar el Árbol del Conocimiento como un manzano. Además, en la antigüedad existían otros mitos similares relacionados con manzanas; como las manzanas del Jardín de las Hespérides, la manzana de la discordia, entre otros, y quizás influyeron también en la “confusión”. Por ejemplo, es importante señalar que en el Jardín de las Hespérides (mitología griega) había un árbol con manzanas de oro que era custodiado por un dragón (recordemos que la palabra “dragón” proviene del griego drakon que significa “serpiente”).