Jesús de Nazaret · Símbolos

La Crucifixión

    La Crucifixión era un método antiguo de tortura y ejecución, en el cual el condenado era clavado en una cruz de madera y dejado ahí hasta morir. Como hemos leído en los Evangelios, Jesucristo fue crucificado y esa Crucifixión ha dado pie a muchas interpretaciones religiosas, simbólicas, esotéricas, etc., algunas de las cuales son mencionadas a continuación:

    Para el Cristianismo, la Crucifixión de Jesús es un símbolo de Sacrificio y Redención del género humano.

    Jesús fue crucificado en el Monte Calvario (Gólgota, del griego Golgotha y éste a su vez del arameo Gulgalta, que significa “Calavera”, “Cráneo”; en latín Calvaria o Calvarius). Este nombre se debe a que ése era un lugar de ejecución y, por tanto, había muchas calaveras; asimismo, se decía que esa colina se parecía a una calavera; de hecho, en algunas pinturas aparece un cráneo o calavera al pie de la Cruz. No obstante, todo esto puede ser también una alusión a la mente: Debemos Crucificar nuestra mentalidad mundana (pensamientos, ideas, conceptos), para que surja una nueva mentalidad, una nueva conciencia.

    Además, se dice que el cráneo al pie de la Cruz representa a Adán, que según cuenta la leyenda fue sepultado ahí en el Gólgota, y también hay que mencionar la relación simbólica entre Adán y Jesús: Adán representa al ser humano ingenuo, inconsciente aún, mientras que Jesús representa al ser humano que ha evolucionado y alcanzado la Conciencia Plena, Crística, Espiritual.

    La palabra “Crucificar” proviene del latín “crucificare” que significa “hacer una cruz”. Si al signo negativo (-) le trazamos una línea vertical, lo estaríamos convirtiendo en positivo (+). La Crucifixión es la transmutación de lo negativo en positivo. Esto se logra, por ejemplo, cuando aprendemos alguna lección o enseñanza a partir de una adversidad y la utilizamos para crecer, para avanzar, para evolucionar. Crucificar es erradicar todo lo negativo que hay en nosotros mismos en pensamiento, palabra, acción y emoción. Para que haya Resurrección, primero debe haber Crucifixión; para que se produzca en nosotros una Transformación Espiritual y manifestemos el Ideal Crístico, primero debemos Crucificar toda la negatividad que haya en nosotros. Para que surja lo positivo, debemos Crucificar lo negativo.

    Una de las frases que Jesús pronuncia en la Cruz es: Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu, la cual nos indica una Entrega Total a Dios y a su Voluntad; entrega que Jesús siempre ejemplificó en vida y también expresó de palabra en varias ocasiones (por ejemplo, en el Padre Nuestro: Hágase tu Voluntad en la Tierra como en el Cielo); Entrega Total de la cual nosotros también deberíamos ser ejemplo.

Osho

Ser un Buddha, ser un Cristo

    No puedes ser el Buddha Gautama. Puedes llegar a ser un Buddha, pero no el Buddha Gautama. “Buddha” significa “Despierto”, y a eso tienes un derecho inalienable, pero Gautama es un ser individual. Puedes ser un Cristo, pero no Jesucristo. Jesús es un ser individual. Cristo es otro nombre que se le puede dar al estado del Buddha, a la “Budeidad”, el estado máximo de Conciencia. Tienes ese potencial, puedes florecer hasta alcanzar la “Conciencia de Cristo”.

Jesús de Nazaret

Yo Soy la Resurrección y la Vida

Yo Soy la Resurrección y la Vida;

el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá;

y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.

(Juan 11:25-26)

    El Maestro Jesús nos indica de esta manera que el Espíritu, Eso que somos en Esencia, es Eterno; y la “muerte” a la que se refiere no es la muerte física (en alguna ocasión dijo: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos), sino que debemos “morir” a todo tipo de pensamientos, emociones y conductas perniciosas, para poder “renacer”, para poder renovarnos; es decir, la Resurrección consiste en la transformación total del ser humano, en un cambio positivo y profundo de uno mismo.

    Otra interpretación es la que se deriva de lo expresado por Pablo de Tarso en su epístola a los Efesios (capítulo 5, versículo 14): Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Podríamos decir entonces que la Resurrección es el despertar de la Conciencia Crística, pues el que cree en mí… (quien sigue el Ideal Crístico) aunque esté muerto (dormido, inconsciente) vivirá (despertará, tomará conciencia); y todo aquel que vive y cree en mí (quien ya es consciente, quien ya ha “despertado” y sigue el Ideal Crístico) no morirá eternamente (no volverá a “dormirse”). Yo Soy la Resurrección y la Vida significa que Cristo es Conciencia Despierta y Vida Renovada.

(Artículo Principal: Los “Yo Soy” del Maestro Jesús)

Adyashanti

Sólo el Uno percibe al Uno

El verdadero Cristo está en todos los seres,

o lo que es lo mismo, el Buda está en todos.

Y el único que puede percibir esto es el Cristo interior.

El único que percibe al Buda es el Buda interior.

El Uno interior es el único que puede percibir al Uno.

El yo nunca percibirá al Uno.

Jesús de Nazaret

Luz y Sal

    Ustedes son la Sal de la Tierra. Pero si la Sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

    Ustedes son la Luz del Mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre la Luz de ustedes delante de los hombres, de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los Cielos.

(Mateo 5:13-16)

    Jesús dice a sus Discípulos: Ustedes son la Luz del Mundo y la Sal de la Tierra. ¿Qué significa?

    La Luz simboliza a Dios, al Espíritu, a Cristo, el Ideal Crístico (Yo Soy la Luz del Mundo), las Enseñanzas de Jesús, la Verdad, las Virtudes. Por tanto, ser la Luz del Mundo significa que cada Discípulo de Jesús debe ser Luz para todos en todo, es decir, debe llevar una vida ejemplar en acciones, lenguaje, pensamientos y emociones; debe representar o procurar representar de la mejor manera el Ideal Crístico.

    La Sal simboliza conservación, preservación, pues la Sal conserva los alimentos (especialmente carnes y pescados) y evita que se corrompan, que se descompongan. En consecuencia, ser la Sal de la Tierra significa que el Discípulo debe practicar y promover la práctica de las Enseñanzas de Jesús, pues contienen principios y valores muy elevados que evitan que el ser humano se corrompa.

    La Sal condimenta, da sabor; por tanto, simboliza entusiasmo, optimismo, una actitud positiva ante la vida. Ser la Sal de la Tierra es que el Discípulo sienta todo esto, lo profese y –con su ejemplo motivador– haga que los demás también lo sientan, lo profesen y a su vez influyan positivamente en otros.

    La Sal simboliza también pureza, purificación. Ser la Sal de la Tierra es que el Discípulo lleve a cabo en sí mismo un proceso de “limpieza integral” (ética, emocional, mental, etc.) para después ayudar a los demás a realizarlo.

    La Sal produce sed. Ser la Sal de la Tierra significa que cada Discípulo debe producir en las demás personas “sed de Dios”, “sed de lo Espiritual”, “sed de virtudes”, es decir, que toda persona que lo vea, que lo escuche o que lo lea, busque dedicar más tiempo a Dios, a lo Espiritual, a lo virtuoso.

    Éstos son los deberes de todo Discípulo de Jesús; no cumplirlos es fallar al Maestro y a sí mismo; cumplirlos es ser un digno representante del Ideal Crístico.

Jesús de Nazaret

Uno es vuestro Maestro y Guía

No queráis que os llamen Maestro o Guía,

porque Uno es vuestro Maestro y Guía: el Cristo.

(Mateo 23: 8 y 10)

    Aquí Jesús se refiere a nuestro Maestro Interior, a la Presencia de la Inteligencia Divina o de la Sabiduría Divina que se encuentra en cada uno de nosotros.

    A Jesús lo llamamos Maestro porque él manifestaba perfectamente al Cristo, pero nos pide que no busquemos ser llamados de esta manera, pues no se trata de un trofeo que debemos procurar para exhibirlo vanidosamente.

    El Cristo debe ser nuestro único Guía (o Líder), es decir, la Conciencia Crística, las Enseñanzas de Jesús y su ejemplo de vida es lo que debe guiarnos siempre porque es la mejor manera de activar y escuchar a nuestro Maestro Interior, al Cristo que está en nosotros.

    Así pues, sigamos al Cristo y no a líderes mundanos.

Jesús de Nazaret

Los “Yo Soy” del Maestro Jesús

(Una interpretación)

    Lo primero que se debe señalar es que “Yo Soy” es el nombre de Dios revelado a Moisés: …Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3:14). Y hace alusión al Ser, al Espíritu, a la Esencia Divina. Por tanto, en estas expresiones en las cuales el Maestro Jesús utiliza el “Yo Soy” podemos interpretar que se está refiriendo principalmente a lo que él y todos somos realmente: Espíritu; pero además se refería al Cristo, es decir, a la Conciencia que él manifestaba (la Conciencia Espiritual o Conciencia Crística), así como también a los valores y enseñanzas que él transmitía. Jesús representa el Ideal Crístico, el ser humano consciente, despierto, realizado espiritualmente; de modo que al decir Jesús “Yo Soy” se está refiriendo a ese Ideal.

  1. Yo Soy el Pan de Vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

    Yo Soy el Pan de Vida significa que el Espíritu nutre a la Vida, hace posible a la Vida, es la Vida. El que a mí viene… y el que en mí cree… significan que quien acude al Espíritu o a lo genuinamente Espiritual (las enseñanzas de Jesús, por ejemplo) encontrará el “verdadero alimento” y la “verdadera bebida”.

  1. Yo Soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la Vida. (Juan 8:12)

    El Espíritu es Luz, Cristo es Luz; quienes sigan el ejemplo y las enseñanzas de Jesús alcanzarán esa luminosa Conciencia que el Maestro manifestaba, entonces verán con claridad y no serán engañados por la ilusión de este mundo de apariencias, oscuridad y confusión.

  1. Yo Soy la Puerta; el que por mí entrare será salvo… (Juan 10:9)

     Cristo es la Puerta, la Conciencia Crística es la Puerta; para entrar por la Puerta que es Cristo (para lograr la Conciencia Crística) se debe seguir o tener una vida acorde con los valores, las enseñanzas y el ejemplo de vida del Maestro Jesús (el Ideal Crístico), y así se alcanzará la Realización Espiritual (el que por mí entrare será salvo…).

  1. Yo Soy el Buen Pastor; el Buen Pastor su vida da por las ovejas. (Juan 10:11)

    Cristo es el Buen Pastor, pues nos orienta y nos indica sabiamente el camino a seguir. Jesús dedicó su vida a enseñarnos que debemos ser altruistas y no egoístas; de manera que “dar la vida” significa que debemos dedicar la vida a la solidaridad, a la generosidad, al Bien, a los valores más elevados.

  1. Yo Soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Juan 11:25-26)

    Jesús aquí nos indica que el Espíritu, Eso que somos en Esencia, es Eterno; y la “muerte” a la que se refiere no es la muerte física (en alguna ocasión dijo: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos), sino que debemos “morir” a todo tipo de pensamientos, emociones y conductas perniciosas, para poder “renacer”, para poder renovarnos; es decir, la Resurrección consiste en la transformación total del ser humano, en un cambio positivo y profundo de uno mismo.

    Otra interpretación es la que se deriva de lo expresado por Pablo de Tarso en su epístola a los Efesios (capítulo 5, versículo 14): Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Podríamos decir entonces que la Resurrección es el despertar de la Conciencia Crística, pues el que cree en mí… (quien sigue el Ideal Crístico) aunque esté muerto (dormido, inconsciente) vivirá (despertará, tomará conciencia); y todo aquel que vive y cree en mí (quien ya es consciente, quien ya ha “despertado” y sigue el Ideal Crístico) no morirá eternamente (no volverá a “dormirse”). Yo Soy la Resurrección y la Vida significa que Cristo es Conciencia Despierta y Vida Renovada.

  1. Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

    El “Yo Soy”, el Espíritu, Dios es la Verdad y la Vida, por tanto, es el Camino a seguir. El Camino Espiritual es el Verdadero Camino de la Vida; cualquier otro “camino” es ilusorio. El “Padre” es una manera de referirse al Espíritu como “Origen de Todo”, como “Esencia de Todo”. Nadie viene al Padre sino por mí significa que Cristo nos indica el “Camino de Regreso al Origen, a la Esencia”, el Camino hacia la Realización Espiritual.

  1. Yo Soy en el Padre, y el Padre en mí. (Juan 14:11)

    Más adelante, Jesús expresó: Yo estoy en el Padre, y vosotros en mí, y Yo en vosotros (Juan 14:20). También dijo el Maestro: El Padre y Yo somos Uno. De esta manera, Jesús nos pide que tomemos conciencia de que no estamos separados, ni lejos de Dios; somos Uno con Dios; la misma Esencia, el mismo Espíritu; Eso es lo que somos realmente: Seres Espirituales.

  1. Yo Soy la Vid verdadera (Juan 15:1). Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la Vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. (Juan 15:4)

    Aquí Jesús plantea la siguiente metáfora: Cristo es como una Vid (la Vid está relacionada simbólicamente con lo divino, con lo místico y con la alegría de vivir); pero no es cualquier Vid, sino “la Vid verdadera”; y quienes llevan una vida Crística son como pámpanos (vástagos, sarmientos) de esa Vid, por tanto, son verdaderamente felices y fructifican, y no así quienes llevan una vida materialista y desordenada.

Glossarium

Jesucristo

    En el cristianismo, a Jesús de Nazaret también se le conoce como Jesucristo. El nombre “Jesús” proviene del griego Iesoús y este a su vez del arameo Ieshúa que significa “Iahvéh salva”, “Dios salva”, o también de Ieshúah (Redención, Salvación). El término “Cristo” proviene de la palabra griega Christós, equivalente al término hebreo Mashíaj (Mesías) que significa “ungido”, “untado”.

    Un “ungido” (un cristo, un mesías) era un rey al cual se le había aplicado o untado aceite para indicar simbólicamente que gozaba de la bendición divina para reinar. De esta manera, los reyes ungidos eran considerados representantes de Dios en la Tierra y, por tanto, salvadores o redentores de sus pueblos.

    Sin embargo, según el cristianismo, Dios se manifestó a los seres humanos a través de Jesús de Nazaret, el cual fue ungido por el Espíritu Santo, razón por la cual es considerado como el verdadero Cristo o Mesías, el Salvador o Redentor de los seres humanos.

    No obstante, existen otras interpretaciones:

    Según Paramahansa Yogananda, el Cristo es la Infinita Inteligencia de Dios que está presente en todo el Universo. Esta Infinita Inteligencia Universal es la Conciencia Divina que se manifestó en Jesús.

    Conny Méndez escribió que el Cristo es nuestra Verdad, es lo más noble de cada uno. ¿Qué nos une a todos nosotros como hijos de Dios? ¿Qué nos identifica? Tres cosas: Conciencia, Inteligencia y Amor. Todo ser humano tiene Conciencia, Inteligencia y Amor. ¿Qué es el Cristo? Es la expresión de Conciencia, Inteligencia y Amor en sus grados más altos. Es lo que somos, pero en la escala más alta, pura y perfecta. 

    Elizabeth Clare Prophet se refiere al Cristo en estos términos: es el Maestro Interior que nos orienta y la Voz de la Conciencia que nos inspira a realizar las mejores acciones. También mencionó que Jesús fue el ejemplo de lo que todos podemos (y debemos) llegar a ser.

    El mismo Jesús dijo: Uno es vuestro Maestro: el Cristo.

    Jesucristo era una personificación de esa Maestría y de esa Conciencia; por tanto, una manera de lograr la Realización Espiritual es siguiendo sus enseñanzas y su ejemplo de vida.

Astrología · Leonardo Boff · Símbolos

Los Reyes Magos

Autor: Leonardo Boff (Teólogo de la Liberación)

    En el Nuevo Testamento hay dos versiones del nacimiento de Jesús. Una, del evangelio de Lucas, culmina en la adoración de los pastores. Otra, del evangelio de Mateo, se concentra en la adoración de los tres Reyes Magos. La lección es: judíos y paganos, cada uno a su modo, encuentran a Jesús.

    Las Escrituras judeocristianas dejan claro que Dios no se reveló sólo a los judíos. Antes que surgiera el pueblo de Israel con Abraham, se reveló a Enoch, a Noé, a Melquisedec, después a Balaán y al rey Ciro. Los reyes magos pertenecen a este grupo. ¿Quiénes eran?

    Eran astrólogos venidos probablemente de Babilonia. En aquel tiempo, astronomía y astrología caminaban juntas. Cierto día estos sabios descubrieron una extraña conjunción de Júpiter con Saturno, que los aproximaba de tal forma que parecían una única gran estrella sobre la constelación de Piscis. Desde los tiempos de Kepler, los cálculos astronómicos han mostrado que, efectivamente, en el año 6 antes de Cristo (fecha del nacimiento de Cristo según el calendario corregido) tuvo lugar tal conjunción. Para los sabios de la época, este hecho tuvo una gran significación. Júpiter, en la lectura astronómica de aquel tiempo, era el símbolo del Señor del mundo; Saturno era la estrella del pueblo judío, y la constelación de Piscis era el símbolo del final de los tiempos. Los sabios babilónicos lo interpretaron así: en el pueblo judío (Saturno) nacerá el Señor del mundo (Júpiter) inaugurando el final de los tiempos (Piscis). Por eso se pusieron en camino para rendirle homenaje. Siempre hubo en la historia de los pueblos personas sencillas o sabios que se pusieron en camino a la búsqueda de salvación, o sea, de una totalidad integradora. Dios salió a su encuentro en sus modos de ser y de pensar.

    Pero, ¿por qué se pusieron en camino para buscar a Jesús? Porque, según la comprensión de los cristianos, Jesús es un principio de orden y de creación de una gran síntesis humana, divina y cósmica. Cuando dan el título de “Cristo” a Jesús, quieren expresar esta convicción. Esta síntesis se encuentra también en otras religiones bajo otros nombres: Sabiduría, Logos, Iluminación, Buda, Tao… Éstos son los “ungidos y consagrados” (significado de la palabra “Cristo”) para ser un centro de atracción y unificador de todo lo que hay en el Cielo y en la Tierra. Cambian los nombres, pero el sentido es siempre el mismo.

    Nuestra realidad, por su parte, es contradictoria: verdad y falsedad, bondad y maldad. ¿Cómo podemos distinguir un aspecto del otro? ¿Cómo crear un orden superior que sobrepase estas contradicciones? Necesitamos un Centro ordenador y animador de una síntesis personal, social y también cósmica.

    Los evangelistas usaron el fenómeno astronómico para presentar a Jesús como aquel Señor del Universo que viene bajo la forma de un niño para unificar todo. Esa Energía es divina, pero no exclusiva. Se expresa bajo muchas formas históricas. En Jesús, el Cristo adquirió una concretización que movilizó a otras culturas con sus sabios venidos de Oriente.

    Todos están en busca de aquella Energía que se esconde en el significado de la palabra Cristo. Ese encuentro con la Estrella produce hoy, como produjo ayer, alegría y sentimiento de integración. Habrá siempre una Estrella en el camino de quien busca. Por eso, lo importante es buscar con la mente siempre despierta a los símbolos, como los Reyes Magos.

 

Conny Méndez

¿Qué es el Cristo?

    El Cristo es nuestra Verdad, es lo más noble de cada uno. ¿Qué nos une a todos nosotros como hijos de Dios? ¿Qué nos identifica? Tres cosas: Conciencia, Inteligencia y Amor. Todo ser humano tiene Conciencia, Inteligencia y Amor. ¿Qué es el Cristo? Es la expresión de Conciencia, Inteligencia y Amor en sus grados más altos. Es lo que somos, pero en la escala más alta, pura y perfecta.