Biblioteca

Agustín de Hipona

Confesiones (Versión 1)

Confesiones (Versión 2)

El Sermón de la Montaña (Libro I)

El Sermón de la Montaña (Libro II)

La Ciudad de Dios

La Inmortalidad del Alma

Lo Mejor de Agustín de Hipona I

Lo Mejor de Agustín de Hipona II

San Agustín de Hipona (Ángel Peña)

San Agustín de Hipona (U. Ferrer y Á. Román)

San Agustín y su Filosofía

Jesús de Nazaret

El Hijo Pródigo

    El Maestro Jesús contó la siguiente parábola:

    Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Papá, dame la parte de la herencia que me corresponde”. Así que el padre repartió la herencia entre sus dos hijos. Poco tiempo después, el hijo menor se fue a un país lejano, vivió allí desenfrenadamente y derrochó su parte de la herencia. Cuando ya se había quedado en la ruina, sobrevino una grave escasez en aquel país y el joven comenzó a pasar necesidad. Entonces buscó trabajo, y un hombre de aquel país lo empleó para que cuidara los cerdos que tenía en su campo. El joven estaba pasando tanta hambre que hubiera sido capaz de comerse lo que comían los cerdos. Finalmente, recapacitó y se dijo: “los trabajadores de mi padre tienen toda la comida que necesitan, y yo aquí me estoy muriendo de hambre. Volveré a mi casa y le diré a mi padre que me he comportado muy mal con Dios y con él, que no merezco ser llamado hijo, pero que me dé empleo y que me trate como a cualquiera de sus trabajadores”. Entonces regresó a la casa de su padre.

    Cuando su padre lo vio, lo recibió amorosamente, y el joven le expresó su arrepentimiento. El padre ordenó que le trajeran la mejor ropa y mandó matar un ternero para realizar un banquete y celebrar el regreso de su hijo, pues dijo: “este hijo mío es como si hubiera muerto y ahora ha regresado a la vida, se había perdido y ahora lo hemos encontrado”. Y comenzó la fiesta.

    Mientras tanto, el hijo mayor estaba trabajando en el campo. Al volver a la casa y ver que se hacía una fiesta, preguntó qué ocurría; y le dijeron: “tu hermano ha regresado sano y salvo, y tu padre ha mandado matar un ternero para realizar un banquete y celebrarlo”. Entonces el hermano mayor se enojó y no quería entrar. Así que su padre salió a pedirle que entrara. El hijo mayor le dijo: “He trabajado para ti desde hace muchos años, y nunca te he desobedecido; pero a mí jamás me has dado siquiera un cabrito para que haga una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que regresa él, después de malgastar su parte de la herencia teniendo una vida de excesos, matas para él el ternero más gordo!”. El padre le contestó: “¡Hijo mío! Tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero tenemos que alegrarnos, porque este hermano tuyo es como si hubiera muerto, y ahora ha vuelto a vivir; como si se hubiera perdido, y ahora lo hemos encontrado.”

(Lucas 15:11-32)

    La palabra “pródigo” se refiere a una persona que desperdicia lo que tiene en cosas inútiles. No se debe confundir con la palabra “prodigio” (algo o alguien extraordinario).

    Esta parábola, junto con las parábolas de la Oveja Perdida y la Moneda Perdida constituyen una trilogía conocida como “parábolas de la misericordia” o “parábolas de la alegría”.

    Lo primero que llama la atención en esta parábola es que el hijo menor pide que le adelanten su parte de la herencia. Esto demuestra una terrible ansiedad e inmadurez. El error o pecado del joven no es solamente la petición ansiosa de su parte de la herencia, sino la libertad mal utilizada y el mal uso de la riqueza (libertinaje y derroche) que lo llevan a la ruina.

    Después de malgastar su parte de la herencia y quedar en la ruina, el joven tuvo que trabajar cuidando cerdos, pero el cerdo es un animal impuro para los judíos; de modo que el hecho de que el joven aceptara este trabajo e incluso estuviera dispuesto a comer lo que ellos comían, nos indica que había tocado fondo. A veces, el ser humano lleva una vida tan egoísta e inconsciente que tiene que caer hasta el punto más bajo para darse cuenta de su error.

    La situación extrema del joven no era un “castigo divino”, sino el resultado de sus malas decisiones y acciones. El joven entonces, arrepentido, regresó a la casa de su padre, el cual lo recibió con amor y sin juzgarlo. Con esto, el Maestro Jesús enseña que Dios es un padre amoroso y misericordioso que siempre perdonará y recibirá de esta manera a quien reconozca los errores que ha cometido y esté dispuesto a corregirlos y llevar una vida de bien.

    En esta parábola, el Padre representa a Dios y su misericordia. La herencia son todas las bendiciones que Dios nos da. El hijo menor representa a quienes, haciendo uso de su libre albedrío, deciden tomar un mal camino. Y el hijo mayor representa a quienes se supone que marchan por el buen camino, pero pecan de soberbia, pues piensan que están por encima de los demás y suelen juzgar a las personas muy a la ligera. En la parábola, el Padre explicó la situación al hijo mayor para que tomara conciencia y no se dejara llevar por esa actitud tan baja.

    Esta parábola es conocida tradicionalmente como la parábola del “hijo pródigo” o también como la parábola del “hijo perdido”. Sin embargo, al resaltar la misericordia de Dios hacia sus hijos arrepentidos y su alegría ante su regreso al buen camino, muchos consideran que el nombre de esta parábola debería ser “parábola del padre misericordioso” o “parábola del padre amoroso”.

Jesús de Nazaret · La Biblia

Busca el Reino de Dios

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(Mateo 6:33 y Lucas 12:31)

Buscar «El Reino de Dios y su Justicia»

significa permitir que la espiritualidad,

el amor, la solidaridad…

reinen en nuestro corazón,

en nuestra mente, en nuestra vida,

dentro de nosotros y entre nosotros.

Esto es lo primero, lo más importante;

lo demás vendrá después,

y Dios nos ayudará a conseguirlo.

Misceláneas

Señales Divinas

(Antiguo Relato Cherokee)

*

Un hombre exclamó: ¡Dios, habla conmigo!

Y un ruiseñor empezó a trinar…

Pero el hombre no le prestó atención.

Volvió a pedir: ¡Dios, habla conmigo!

Y un trueno resonó…

Pero el hombre no le dio importancia.

Entonces exclamó: ¡Dios, déjame verte!

Y el Sol brilló en el firmamento…

Pero el hombre ni se dio cuenta.

Nervioso, comenzó a gritar:

¡Dios, muéstrame un milagro!

Y he aquí que nació un niño…

Pero el hombre no se detuvo

a admirar el milagro de la vida.

Desesperado, gritó: ¡Dios, si existes, tócame

y déjame sentir tu presencia aquí y ahora!

Y una mariposa se posó en su hombro…

Pero él, irritado, la apartó con una mano.

Decepcionado y entre lágrimas,

siguió su camino vagando sin rumbo,

solo y lleno de miedo

porque no supo interpretar

las señales de la Presencia de Dios.

Leonardo Boff

¿Qué había antes del antes?

    ¿Qué había antes del Big Bang? Los cosmólogos sugieren que lo que había era el vacío cuántico, el estado de energía de fondo del universo, origen de todo lo que existe. Otros lo llaman abismo alimentador de todo ser. Condensación de él sería aquel puntito que primero se hinchó como un balón y después explotó dando origen, tal vez, según la teoría de las cuerdas, a otros eventuales mundos paralelos. Pero el vacío cuántico, última realidad alcanzada por la microfísica, es todavía una realidad discernible. Es el antes. Pero ¿qué había antes de ese antes discernible?

    En un programa de radio le preguntaron a Arno Penzias (premio Nobel de Física en 1978) qué había antes del Big Bang y del vacío cuántico. Él respondió: “No lo sabemos, pero razonablemente podemos decir que no había nada”. Inmediatamente llamó una oyente, irritada, acusando a Penzias de ateo. Él sabiamente respondió: “Señora, creo que usted no se ha dado cuenta de las implicaciones de lo que acabo de decir. Antes del Big Bang no había nada de lo que hoy existe. Si lo hubiera, cabría preguntar: ¿de dónde vino?”. Siguió comentando que si había la nada y de repente empezaron a aparecer cosas era señal de que Alguien las había sacado de la nada, y concluye diciendo que su descubrimiento podrá llevar a la superación de la histórica enemistad entre ciencia y religión.

    Lo que podemos decir honradamente es que antes del antes había lo Incognoscible, lo Impenetrable, el Misterio. Pues bien, los nombres que las religiones atribuyen a aquello que llaman Dios o Tao, Yavé, Olorum o cualquier otra Entidad, quieren expresar exactamente lo Incognoscible y el Misterio al que se refería Penzias. Por lo tanto, “había Dios”. Él no creó el mundo en el tiempo y en el espacio, sino con el tiempo y con el espacio.

    ¿Qué había antes del antes? Ahora podemos balbucear: había la «Realidad» fuera del espacio-tiempo, en el equilibrio absoluto de su movimiento, la Totalidad de simetría perfecta, la Energía Infinita y el Amor desbordante. Ni siquiera deberíamos usar tales nombres, pues los nombres surgieron después, cuando ya todo había sido traído a la existencia. Verdaderamente, deberíamos callar. Pero como somos seres hablantes, usamos palabras, aunque no dicen nada. Sólo son flechas que apuntan hacia un Misterio.

Aquí el artículo completo: ¿Qué había antes del antes?

Leonardo Boff

Espiritualidad Ecológica

Del Artículo: ¿Es el Universo Autoconsciente y Espiritual?

    La Espiritualidad es el empoderamiento máximo de la Vida bajo las más variadas formas. En la Espiritualidad conscientemente vivida por el ser humano está implicado un compromiso de proteger y promover la Vida y permitir que continúe coevolucionando; no solamente la vida humana, sino toda la Vida en su inconmensurable diversidad y formas de manifestación.

    Para que vivamos el Cosmos como un ser vivo, para que vivenciemos la Tierra como Gaia (la Gran Madre, la Pachamama de los andinos) es preciso sentir estas realidades y la propia Naturaleza de la cual somos parte como fuentes vivas de Energía y entrar en comunión con todos los seres considerándolos como parientes, hermanos y hermanas, primos y primas y compañeros en la gran aventura del Universo.

    Efectivamente, todos tenemos el mismo código genético de base. Desarrollar tales percepciones significa demostrar que somos verdaderamente seres espirituales y vivir profundamente una Espiritualidad Ecológica, algo extremadamente necesario para la salvaguarda de la biosfera.

    El futuro de la Tierra, un planeta viejo, pequeño y limitado, el futuro de la humanidad que no cesa de crecer, el futuro de los ecosistemas agotados debido al gran estrés causado por los procesos industriales, el futuro de las personas confusas, perdidas, espiritualmente entorpecidas, que anhelan vidas más sencillas, auténticas y significativas: este futuro depende de nuestra capacidad de desarrollar una Espiritualidad verdaderamente ecológica.

    No basta con que seamos racionales y religiosos. Es más importante que seamos espirituales, en comunión con el Espíritu Universal y Cósmico, sensibles a los otros, dispuestos a cooperar con nuestra creatividad y a respetar a los otros seres de la Naturaleza, es decir, tenemos que ser auténticamente espirituales. Sólo entonces vamos a mostrarnos como responsables y benevolentes con todas las formas de vida, amantes de la Madre Tierra y adoradores de la Fuente de todos los seres y de todas las bendiciones que existen y están por venir: Dios.