Glossarium

Gurú y Satgurú

    Gurú es una palabra en sánscrito que se utiliza para referirse a un Maestro o Guía Espiritual, o incluso a un maestro en general. La sílaba “Gu” significa “oscuridad”, “ignorancia” y la sílaba “Ru” significa “Luz”, de manera que Gurú es aquel que desvanece la oscuridad de la ignorancia por medio de la luz que aportan las enseñanzas.

    Cuando a la palabra Gurú se le agrega el prefijo Sat- (Verdad, Ser, Esencia…), se forma la palabra Satgurú que tiene varios significados:

    Satgurú puede significar “Verdadero Maestro” o “Maestro de la Verdad”; un Maestro que desvanece la oscuridad de la ignorancia con la Luz de la Verdad Espiritual, la Luz que aportan las Enseñanzas Espirituales.

    Otra interpretación es que Satgurú se refiere a que el Verdadero Maestro es nuestro Maestro Interior, nuestro Guía Interior, nuestro Ser Verdadero, nuestra Esencia.

    O también, Satgurú puede significar que la Verdad es el Maestro. Cada vez que conocemos o descubrimos la Verdad de algo, esta nos ilumina y nos libera de la ignorancia al respecto. Bien dijo el Maestro Jesús: Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres.

Bhagavad Gita

Las Enseñanzas más elevadas

Las enseñanzas más elevadas

no deben ser comunicadas

a quienes descuidan la disciplina

y no tienen devoción.

(Bhagavad Gita 18.67)

*

    En cualquier ámbito, pero sobre todo en el espiritual, las enseñanzas más elevadas solamente deben ser impartidas a quienes merecen recibirlas, a quienes son disciplinados y devotos, a quienes estén realmente dispuestos a ponerlas en práctica; pues, de lo contrario, serán desperdiciadas.

    Como diría el Maestro Jesús: No echéis perlas a los cerdos.

Jesús de Nazaret

Luz y Sal

    Ustedes son la Sal de la Tierra. Pero si la Sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

    Ustedes son la Luz del Mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre la Luz de ustedes delante de los hombres, de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los Cielos.

(Mateo 5:13-16)

    Jesús dice a sus Discípulos: Ustedes son la Luz del Mundo y la Sal de la Tierra. ¿Qué significa?

    La Luz simboliza a Dios, al Espíritu, a Cristo, el Ideal Crístico (Yo Soy la Luz del Mundo), las Enseñanzas de Jesús, la Verdad, las Virtudes. Por tanto, ser la Luz del Mundo significa que cada Discípulo de Jesús debe ser Luz para todos en todo, es decir, debe llevar una vida ejemplar en acciones, lenguaje, pensamientos y emociones; debe representar o procurar representar de la mejor manera el Ideal Crístico.

    La Sal simboliza conservación, preservación, pues la Sal conserva los alimentos (especialmente carnes y pescados) y evita que se corrompan, que se descompongan. En consecuencia, ser la Sal de la Tierra significa que el Discípulo debe practicar y promover la práctica de las Enseñanzas de Jesús, pues contienen principios y valores muy elevados que evitan que el ser humano se corrompa.

    La Sal condimenta, da sabor; por tanto, simboliza entusiasmo, optimismo, una actitud positiva ante la vida. Ser la Sal de la Tierra es que el Discípulo sienta todo esto, lo profese y –con su ejemplo motivador– haga que los demás también lo sientan, lo profesen y a su vez influyan positivamente en otros.

    La Sal simboliza también pureza, purificación. Ser la Sal de la Tierra es que el Discípulo lleve a cabo en sí mismo un proceso de “limpieza integral” (ética, emocional, mental, etc.) para después ayudar a los demás a realizarlo.

    La Sal produce sed. Ser la Sal de la Tierra significa que cada Discípulo debe producir en las demás personas “sed de Dios”, “sed de lo Espiritual”, “sed de virtudes”, es decir, que toda persona que lo vea, que lo escuche o que lo lea, busque dedicar más tiempo a Dios, a lo Espiritual, a lo virtuoso.

    Éstos son los deberes de todo Discípulo de Jesús; no cumplirlos es fallar al Maestro y a sí mismo; cumplirlos es ser un digno representante del Ideal Crístico.

Jesús de Nazaret

Los «Yo Soy» del Maestro Jesús

(Una interpretación)

    Lo primero que se debe señalar es que “Yo Soy” es el nombre de Dios revelado a Moisés: …Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: “YO SOY me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3:14). Y hace alusión al Ser, al Espíritu, a la Esencia Divina. Por tanto, en estas expresiones en las cuales el Maestro Jesús utiliza el “Yo Soy” podemos interpretar que se está refiriendo principalmente a lo que él y todos somos realmente: Espíritu; pero además se refería al Cristo, es decir, a la Conciencia que él manifestaba (la Conciencia Espiritual o Conciencia Crística), así como también a los valores y enseñanzas que él transmitía. Jesús representa el Ideal Crístico, el ser humano consciente, despierto, realizado espiritualmente; de modo que al decir Jesús “Yo Soy” se está refiriendo a ese Ideal.

  1. Yo Soy el Pan de Vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. (Juan 6:35)

    Yo Soy el Pan de Vida significa que el Espíritu nutre a la Vida, hace posible a la Vida, es la Vida. El que a mí viene… y el que en mí cree… significan que quien acude al Espíritu o a lo genuinamente Espiritual (las enseñanzas de Jesús, por ejemplo) encontrará el “verdadero alimento” y la “verdadera bebida”.

  1. Yo Soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la Vida. (Juan 8:12)

    El Espíritu es Luz, Cristo es Luz; quienes sigan el ejemplo y las enseñanzas de Jesús alcanzarán esa luminosa Conciencia que el Maestro manifestaba, entonces verán con claridad y no serán engañados por la ilusión de este mundo de apariencias, oscuridad y confusión.

  1. Yo Soy la Puerta; el que por mí entrare será salvo… (Juan 10:9)

     Cristo es la Puerta, la Conciencia Crística es la Puerta; para entrar por la Puerta que es Cristo (para lograr la Conciencia Crística) se debe seguir o tener una vida acorde con los valores, las enseñanzas y el ejemplo de vida del Maestro Jesús (el Ideal Crístico), y así se alcanzará la Realización Espiritual (el que por mí entrare será salvo…).

  1. Yo Soy el Buen Pastor; el Buen Pastor su vida da por las ovejas. (Juan 10:11)

    Cristo es el Buen Pastor, pues nos orienta y nos indica sabiamente el camino a seguir. Jesús dedicó su vida a enseñarnos que debemos ser altruistas y no egoístas; de manera que “dar la vida” significa que debemos dedicar la vida a la solidaridad, a la generosidad, al Bien, a los valores más elevados.

  1. Yo Soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Juan 11:25-26)

    Jesús aquí nos indica que el Espíritu, Eso que somos en Esencia, es Eterno; y la “muerte” a la que se refiere no es la muerte física (en alguna ocasión dijo: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos), sino que debemos “morir” a todo tipo de pensamientos, emociones y conductas perniciosas, para poder “renacer”, para poder renovarnos; es decir, la Resurrección consiste en la transformación total del ser humano, en un cambio positivo y profundo de uno mismo.

    Otra interpretación es la que se deriva de lo expresado por Pablo de Tarso en su epístola a los Efesios (capítulo 5, versículo 14): Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Podríamos decir entonces que la Resurrección es el despertar de la Conciencia Crística, pues el que cree en mí… (quien sigue el Ideal Crístico) aunque esté muerto (dormido, inconsciente) vivirá (despertará, tomará conciencia); y todo aquel que vive y cree en mí (quien ya es consciente, quien ya ha “despertado” y sigue el Ideal Crístico) no morirá eternamente (no volverá a “dormirse”). Yo Soy la Resurrección y la Vida significa que Cristo es Conciencia Despierta y Vida Renovada.

  1. Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

    El “Yo Soy”, el Espíritu, Dios es la Verdad y la Vida, por tanto, es el Camino a seguir. El Camino Espiritual es el Verdadero Camino de la Vida; cualquier otro “camino” es ilusorio. El “Padre” es una manera de referirse al Espíritu como “Origen de Todo”, como “Esencia de Todo”. Nadie viene al Padre sino por mí significa que Cristo nos indica el “Camino de Regreso al Origen, a la Esencia”, el Camino hacia la Realización Espiritual.

  1. Yo Soy en el Padre, y el Padre en mí. (Juan 14:11)

    Más adelante, Jesús expresó: Yo estoy en el Padre, y vosotros en mí, y Yo en vosotros (Juan 14:20). También dijo el Maestro: El Padre y Yo somos Uno. De esta manera, Jesús nos pide que tomemos conciencia de que no estamos separados, ni lejos de Dios; somos Uno con Dios; la misma Esencia, el mismo Espíritu; Eso es lo que somos realmente: Seres Espirituales.

  1. Yo Soy la Vid verdadera (Juan 15:1). Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la Vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. (Juan 15:4)

    Aquí Jesús plantea la siguiente metáfora: Cristo es como una Vid (la Vid está relacionada simbólicamente con lo divino, con lo místico y con la alegría de vivir); pero no es cualquier Vid, sino “la Vid verdadera”; y quienes llevan una vida Crística son como pámpanos (vástagos, sarmientos) de esa Vid, por tanto, son verdaderamente felices y fructifican, y no así quienes llevan una vida materialista y desordenada.

Símbolos

La Rueda del Dharma

    Dharmachakra, como se le conoce en sánscrito, es un símbolo budista que representa el Dharma. Aunque la palabra Dharma (Dhamma en pali) puede interpretarse de distintas maneras (Doctrina, Verdad, Enseñanza, Ley, Deber, Realización Espiritual, etc.), aquí se refiere fundamentalmente a las Enseñanzas de Buda y al Desarrollo Espiritual que se alcanza al practicarlas.

Rueda del Dharma

    Los ocho radios representan el “Óctuple Noble Sendero”; el centro, la disciplina; y el aro, la conciencia que sostiene todo. Además, se dice que Buda impartió sus enseñanzas en tres etapas que se conocen como “Los tres giros de la Rueda del Dharma”.

Jesús de Nazaret

La Tentación

    En el desierto, Jesús fue tentado por el Diablo:

    Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, Jesús tuvo hambre; y vino a él el Tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan. Jesús respondió: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

    Entonces el Diablo le llevó a la Santa Ciudad y le puso sobre el pináculo del Templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti y en sus manos te sostendrán para que no tropiece tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

    Otra vez le llevó el Diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás.

    El diablo entonces le dejó, y he aquí vinieron ángeles y le servían.