Símbolos

La Cruz de Malta

    También conocida como Cruz de San Juan, Cruz de Ocho Puntas o Cruz Octógona, este símbolo comenzó a ser utilizado en el siglo XII por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén u Orden de Malta.

    Originalmente esta Cruz es de color blanco y simboliza Pureza. Sus ocho puntas representan: vivir en la verdad, tener fe, arrepentirse de los pecados, dar prueba de humildad, amar la justicia, ser misericordioso, ser sincero de todo corazón y soportar las aflicciones.

Cruz de Malta

    No obstante, en el ámbito esotérico la Cruz de Malta tiene otros significados y colores:

    Es un símbolo de Equilibrio perfecto. Nos indica que la Energía Divina desciende desde el Plano Espiritual hasta el Plano Material y se manifiesta en Poder, Sabiduría y Amor. Es una Cruz cuya forma (cuatro “puntas de flecha” señalando hacia el centro) nos invita a meditar, a concentrarnos. Esta Cruz simboliza múltiples aspectos divinos y cualidades divinas, y cada brazo de la Cruz es de un color distinto o representa un color distinto:

    Blanco: Lo Absoluto, la Esencia, el Espíritu. Energía Divina, Pureza.

    Azul: Poder Divino o Espiritual, Fe, Voluntad.

    Amarillo: Sabiduría Divina, Iluminación, Inteligencia.

    Rosado: Amor Divino, Misericordia, Compasión, Respeto.

Cruz de Malta (Colores)

Reflexiones

Prudencia

    Del latín Prudentia, y ésta –a su vez– del latín Pro Videntia (Pro = hacia delante; Videntia, Videre = ver) que significa “Ver hacia delante”, “Ver por adelantado”, “Ver antes”, “Anticiparse”, es decir, la persona prudente es capaz de prever lo que pudiera ocurrir.

    En la ética aristotélica, la prudencia es interpretada como sabiduría práctica, como aquella virtud indispensable para alcanzar el punto medio, el equilibrio.

    Prudencia es moderación, cautela; es sensatez o buen juicio en las acciones y las palabras; es expresarse con claridad y de manera adecuada; es hacer lo correcto, ser respetuoso y no perjudicar; es conocer lo que está bien y lo que está mal, para realizar siempre las buenas acciones y alejarse de las malas.

    Epicuro de Samos, filósofo griego, escribió en su “Carta a Meneceo”: Lo más estimable y precioso de la filosofía es la prudencia, pues de la prudencia proceden las demás virtudes.