Adyashanti

La Conciencia no sueña

    La Conciencia que está en ti no está soñando. Sólo sueña la mente. Cuando despiertas, comprendes: Es un sueño. La mente está creando una realidad virtual, pero no es más que pensamiento. El pensamiento podrá contar un millón de historias dentro de la Conciencia, pero ésta no cambiará ni un ápice. Lo único que cambia es la sensación del cuerpo. Ante cualquier historia, el cuerpo reacciona. Pero cuando salgas de la mente, del estado de sueño, experimentarás un gran despertar.

Biblioteca

Sigmund Freud

A General Introduction to Psychoanalysis

El Malestar en la Cultura

El Yo y el Ello

Esquema del Psicoanálisis

Estudios sobre la Histeria

Introducción al Psicoanálisis

La Interpretación de los Sueños

Lo Inconsciente

Más Allá del Principio del Placer

Moisés y la Religión Monoteísta

Psicología de las Masas y Análisis del Yo

Psicopatología de la Vida Cotidiana

The Origin and Development of Psychoanalysis

Tótem y Tabú

Tres Ensayos para una Teoría Sexual

Un Recuerdo Infantil de Leonardo da Vinci

Reflexiones

Disposición o Actitud Mental

Tomado de una conferencia pronunciada por Tenzin Gyatso (14° Dalai Lama) en Julio de 1996 en Manchester, Inglaterra.

    El entorno es un factor importante para alcanzar un estado de ánimo favorable y feliz. Sin embargo, el elemento fundamental es nuestra propia disposición o actitud mental. Nuestro entorno puede no ser favorable, incluso puede ser hostil, pero si nuestra actitud mental es la correcta, éste no afectará nuestra paz interior. Por el contrario, si nuestra disposición mental no es la adecuada, aunque estemos rodeados por nuestros mejores amigos y contemos con todas las facilidades, nunca seremos felices. Ésta es la razón por la cual la actitud mental es más importante que las condiciones externas. No obstante, muchos parecen más preocupados por las condiciones externas que por su propia disposición mental. 

Símbolos

El Águila y el León

El Águila reina en el aire, es el rey de las aves. El León reina en la tierra, es el rey de los animales terrestres. Por esta razón, como símbolos, siempre han sido los favoritos de imperios y de reyes.

    El Águila es símbolo de majestuosidad, libertad, visión. Por la elevación que alcanza en su vuelo, simboliza el Espíritu, la inspiración, la mente, la conexión con lo Divino. Representa el elemento aire, que simboliza la comunicación y el pensamiento, pero en este caso se trata de comunicación de ideas elevadas y de pensamiento espiritual. También representa lo Divino que nos vigila desde las alturas celestes.

    En la mitología griega, este animal está relacionado con Zeus, quien en ocasiones es representado en forma de Águila o transformado en Águila. En el cristianismo, es símbolo de Juan el evangelista, pues su evangelio es el más espiritual y teológico de todos; además, simboliza la ascensión de Cristo. Según el chamanismo, el Águila es el animal más sagrado de todos.  

El León siempre ha estado asociado simbólicamente con el Sol, debido al color de su pelaje, a que su melena se asemeja a los rayos del astro rey y a que el León reina en la sabana africana bajo el inclemente Sol. El León simboliza poder, dignidad, autoridad, dominio, ferocidad, liderazgo, valentía, corazón, protección.

    En Persia, el León y el Sol eran símbolos del Estado y de la Religión, los cuales eran considerados pilares de la sociedad. En la astrología, el León está representado por el signo Leo, cuyo astro regente es el Sol. En la mitología egipcia, la diosa Sejmet (hija de Ra, el Sol) es representada con cabeza de León. En Asia, se considera que el León ahuyenta los malos espíritus, por lo cual suele haber estatuas de Leones en la entrada de los templos. En el cristianismo, el León simboliza al evangelista Marcos y también existen alegorías que se refieren a Jesucristo como un León (Apocalipsis 5:5).  

    La unión simbólica del Águila y el León da como resultado el Grifo, un animal mitológico que combina las virtudes de ambos.

Ramiro Calle

Un apacible paseo

(Tomado de El Libro de la Serenidad de Ramiro Calle)

     El maestro y el discípulo emprendieron un apacible paseo por el campo al atardecer. Caminaban tranquilamente, uno al lado del otro, en silencio. De súbito, el discípulo interrogó a su mentor: ¿Puede instruirme en la verdad?
El maestro preguntó: ¿Escuchas el trino de los pájaros y el rumor del torrente?
Sí, maestro, los escucho. –repuso el discípulo.
Y el maestro dijo: Entonces, amigo mío, no tengo nada que enseñarte.

Comentario (de Ramiro Calle):
La mente se encarga de complicarlo todo. Busca donde no puede encontrar; ansía lo que no puede obtener. Se extravía con suma facilidad en toda clase de expectativas ilusorias. Dice querer bienestar, pero provoca malestar. Siempre está corriendo, deseando, persiguiendo logros. Tiene tanta prisa, tanta urgencia, que no puede jamás disfrutar de serenidad. Aunque nada le quede pendiente, sigue experimentando prisa y urgencia, sigue acumulando confusión y neurosis. No sabe detenerse, aguardar, esperar y confiar. Tanto mira a lo lejos que no ve lo más cercano. No aprecia lo sencillo, lo simple, lo hermosamente desnudo y evidente, como el trino de un pájaro o el rumor de un arroyo o la reconfortante brisa del aire o la caricia de un ser querido. Se pierde lo mejor de cada momento porque está pendiente de lo mejor para después, atrapada en la jaula de la expectativa. Incluso presupone la verdad tan lejos que no es capaz de detectarla en la vida misma estallando con su energía a cada momento, unas veces en forma de nube y otras en forma de árbol, unas veces como el canto de un ruiseñor y otras como las arrugas de un anciano. Deja todo de lado y conéctate con el aquí y ahora. La mente atenta y relajada, perceptiva y sosegada, escucha el trino de los pájaros. Aprecia ese instante como si fuera el primero y el último. No quieras agarrarlo, ni retenerlo, ni pensarlo, porque entonces escapará o se convertirá en un feo y hueco concepto. Si estás atento y relajado, en ese momento puedes vivir la vida en su totalidad. No hay otra verdad que enseñar.