Anthony de Mello

El Silencio que conduce hacia Dios

(Del Libro Caminar sobre las Aguas)

    En Oriente, un gran rey fue a visitar a su maestro y le dijo: Soy un hombre muy ocupado, ¿podría decirme cómo puedo llegar a unirme con Dios? ¡Respóndame con una sola frase!

    El maestro: ¡Le daré la respuesta con una sola palabra!

    El rey: ¿Qué palabra es esa?

    El maestro: Silencio.

    El rey: ¿Y cómo podré alcanzar el silencio?

    El maestro: Meditación.

    El rey: ¿Qué es la meditación?

    El maestro: Silencio.

    Cualquier camino hacia Dios tiene que ser un camino hacia el silencio. Si usted quiere llegar algún día a la unión con Dios, debe comenzar por el silencio. ¿Qué es el silencio? Silencio significa ir más allá de las palabras y de los pensamientos. ¿Qué hay de erróneo en las palabras y en los pensamientos? Que son limitados. Dios no es como decimos que es, ni es nada de lo que imaginamos o pensamos. Eso es lo que tienen de erróneo las palabras y los pensamientos. La mayoría de las personas permanecen presas de las imágenes y de los conceptos que han hecho de Dios.

Epicteto

Algunos Consejos

    Epicteto afirmaba que es una necedad creer que la libertad y la felicidad consisten en que todo ocurra según nuestros deseos, pues hay cosas que dependen de nosotros y otras que no.

    Recomendaba que debemos cultivar el hábito de pensar antes de actuar y antes de hablar, para que podamos medir bien las consecuencias de nuestros actos y de nuestras palabras.

    Además, nos aconseja que no debemos relacionarnos con cualquiera, que debemos relacionarnos solamente con buenas personas, con personas que nos eleven, que sean una buena influencia para nosotros y, de igual modo, nosotros debemos ser una buena influencia para los demás.

Misceláneas

Ni una palabra inútil

    En una ocasión,

un viejo mercader que tenía tres hijos

los llamó y les dijo:

El que sea capaz de pasar el día

sin pronunciar una palabra inútil

recibirá un premio.

    Al caer la noche,

los tres hijos fueron a presentarse ante el anciano.

    Dijo el primero:

Evité hoy ¡oh, padre mío! toda palabra inútil;

espero, pues, haber merecido el premio ofrecido.

    El segundo se acercó al viejo,

le besó las manos, y se limitó a decir:

¡Buenas noches, padre!

    El tercero no dijo nada;

simplemente tendió la mano

para, según él, recibir el premio.

    El mercader entonces habló así:

El primero, al presentarse ante mí,

me molestó con varias palabras inútiles,

y el tercero se mostró

exageradamente lacónico.

El premio corresponde, pues, al segundo,

que fue discreto sin palabrería

y sencillo sin afectación.

Conny Méndez

El uso de las palabras creadoras “Yo Soy”

    Cuando alguien piensa, siente, escribe o pronuncia las palabras “Yo Soy”, inmediatamente despierta o alerta la atención de la Energía Vital en sí mismo y en todo lo que le rodea. El Universo entero procede a manifestar, a dar forma a lo que viene después. ¿Por qué es esto? Porque las palabras “Yo Soy” son sagradas, son la señal establecida para indicar a la Energía Vital que ha llegado el momento de Crear.

    La Vida siempre ha obedecido al mandato, mental o audible, que está precedido de las palabras mágicas “Yo Soy”, pues son el nombre de Dios (Éxodo 3:14). Cuando una persona conoce el poder de este nombre, jamás lo usa para expresar un decreto negativo o una mentira, sino para hacer el Bien y expresar la Verdad. Por eso, ¡cuiden sus palabras!, ¡cuiden sus decretos después de pronunciar el santo, mágico y poderosísimo “Yo Soy”!