Reflexiones

La Dignidad Humana

    La palabra “digno” suele definirse como “merecedor de algo”, “que se corresponde con las cualidades o méritos de algo o de alguien”, “que tiene dignidad o se comporta con dignidad”. Y “dignidad” es “cualidad de digno”, “cualidad de quien se respeta y se valora a sí mismo y a los demás, se comporta con responsabilidad y seriedad, y no permite que lo humillen ni degraden”. De modo que la dignidad implica honradez, decencia y conciencia de nuestra valía como seres humanos.

    Se considera que la dignidad es un valor inherente al ser humano y se basa en el reconocimiento de la persona como merecedora de respeto; de hecho, el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa lo siguiente:

    Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

    De manera que, en teoría, todos somos dignos, todos tenemos dignidad. Sin embargo, esa dignidad inherente puede verse afectada de muchas maneras y, por tanto, es necesario cuidarla, cultivarla; debemos comportarnos precisamente de manera digna, fraternalmente los unos con los otros, para no manchar o dañar nuestra dignidad.

Mis Poemas

Mi Política

Mi Conciencia es mi Líder, mi Guía.

El Respeto, la Honradez y la Ahimsa

constituyen mi Ideología.

Consiste entonces mi Política

en obedecer siempre a mi Conciencia

y en todo momento

practicar el Respeto,

la Honradez y la Ahimsa.

Reflexiones

Homo Homini Lupus

    En latín, esto significa “el hombre es el lobo del hombre” o “el hombre es un lobo para el hombre”.

    En la antigüedad, el comediógrafo romano Plauto y, más recientemente (siglo XVII), el filósofo inglés Thomas Hobbes, utilizaron esta expresión para referirse a las atrocidades que el ser humano ha hecho contra su propia especie, contra la humanidad: guerras, terrorismo, discriminación y violencia de todo tipo, etc.

    Sin embargo, creo que si todos los seres humanos pusiéramos en práctica las enseñanzas de los Grandes Maestros, todo sería distinto.

    Por ejemplo, si todos practicáramos el Amaos los unos a los otros de Jesús de Nazaret; la Ahimsa de los hindúes, jainas y budistas; o el Principio de Reciprocidad de Confucio, entonces no habría más guerras, ni terrorismo, ni discriminación, ni violencia…

    En fin, sería un mundo mejor.