Misceláneas

La Iluminación

(Tomado del libro El Poder del Ahora de Eckhart Tolle)

    Un mendigo había estado sentado más de treinta años a la orilla de un camino. Un día, pasó por ahí un desconocido.

    Una monedita, murmuró el mendigo.

    No tengo nada que darle, dijo el desconocido, y después preguntó: ¿Qué es eso en lo que está sentado?

    Nada, contestó el mendigo. Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria.

    ¿Alguna vez ha mirado lo que hay adentro?, preguntó el desconocido.

    No, dijo el mendigo. ¿Para qué? No hay nada adentro.

    Échele una ojeada, insistió el desconocido.

    El mendigo abrió la caja y, con asombro, vio que estaba llena de oro.

    Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire adentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo. “¡Pero yo no soy un mendigo!”, le oigo decir. Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material; buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.

Jesús de Nazaret

Jesús y las riquezas

    Según los Evangelios, el Maestro Jesús se refirió en varias ocasiones a las riquezas y a las posesiones en general:

    Guardaos de toda avaricia, porque la vida del ser humano no consiste en la abundancia de los bienes que posee. (Lucas 12:15)

    Vended lo que poseéis y dad limosna. No os hagáis tesoros en la Tierra, donde el ladrón hurta y la polilla destruye; más bien, haceos tesoros en el Cielo…

(Mateo 6:19-20 y Lucas 12:33)

    No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mateo 6:24 y Lucas 16:13)

    Principalmente, Jesús hace un llamado en contra del afán desordenado de poseer y adquirir bienes materiales, pues son perecederos y –por tanto– no constituyen lo más importante en la vida del ser humano.

    La expresión “dad limosna” no se refiere a lo que entendemos actualmente como “limosna”, sino a que debemos ser generosos y solidarios.

    Jesús pide que en vez de acumular y dar tanta importancia a lo superficial y perecedero (“tesoros en la Tierra”), hagamos “tesoros en el Cielo”, es decir, que cultivemos virtudes, valores, que procuremos lo espiritual.

    Además, el Maestro Jesús afirma tajantemente que no se puede servir a Dios y a las riquezas, lo cual significa que quien da una importancia excesiva a lo material es porque no se cultiva espiritualmente; en cambio, quien se cultiva espiritualmente no da una importancia excesiva a lo material, sino sólo la necesaria. Asimismo, si se tienen riquezas, lo verdaderamente espiritual es que éstas sean utilizadas para ayudar al prójimo.

    Lo que critica Jesús no es simplemente el hecho de ser rico o poseer riquezas, sino el hecho de estar apegado a ellas y tener una visión materialista y superficial de la vida.

    Un muy buen ejemplo es el diálogo del Maestro Jesús con un “joven rico”:

   Un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué debo hacer para heredar la Vida Eterna?

    Jesús le respondió: Cumple con los Mandamientos: no robes, no mates, no cometas adulterio, no digas falso testimonio, honra a tu Padre y a tu Madre…

    El joven entonces dijo: Todo esto lo he cumplido desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

    Y Jesús le contestó: Una cosa te falta: anda y reparte todas tus posesiones entre los pobres, y tendrás Tesoro en el Cielo; luego, ven y sígueme.

    El joven se fue muy triste porque era muy rico, tenía muchas posesiones.

    Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas. Y también les dijo: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que confían en las riquezas.

(Mateo 19:16-23 / Marcos 10:17-24 / Lucas 18:18-24)

    La primera pregunta que hace el joven rico a Jesús es sobre “heredar la Vida Eterna”, como si esta se tratara de una posesión material, lo cual revela el materialismo del joven rico y su ignorancia acerca de lo espiritual.

    Jesús le responde aconsejándole cumplir los Mandamientos, es decir, que lleve una vida basada en valores morales, éticos y espirituales. Sin embargo, el joven afirma que ha cumplido todo eso desde su juventud; entonces Jesús le pide que “reparta sus posesiones entre los pobres” para que tenga “Tesoro en el Cielo”, lo cual es un llamado a que se libere de los apegos y del materialismo, y a que sea solidario y utilice su riqueza para ayudar al prójimo; y termina diciéndole “ven y sígueme”, lo cual es una invitación a que se cultive espiritualmente siguiendo las enseñanzas y el ejemplo de vida que él (Jesús) estaba dando al mundo.

    Pero el joven se fue muy triste porque era “muy rico”; esto hace que Jesús diga a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas, y también: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que confían en las riquezas.

    Ser “muy rico”, tener muchas “posesiones”, tener “riquezas”, confiar en las “riquezas”, todas estas expresiones se refieren a los apegos y al materialismo; el “joven rico” simboliza al ser humano con muchos apegos y materialista; por tanto, para entrar en el Reino de Dios es indispensable cultivarse espiritualmente y renunciar al materialismo y a los apegos, pues –como sabemos– buscar o procurar el “Reino de Dios” significa permitir que la espiritualidad, el amor, la solidaridad, etc., reinen en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra vida, dentro de nosotros y entre nosotros.