Astrología

El Año del Cerdo

    Desde el 5 de febrero de 2019 hasta el 24 de enero de 2020 es el Año del Cerdo de Tierra, según la Astrolcerdo felizogía China.

    Este animal es el último signo del Zodíaco Chino, lo cual significa que éste será un año de cierre de ciclos o para cerrar ciclos; por tanto, es recomendable realizar una revisión de los años anteriores y estar dispuestos a dejar atrás todo aquello que ya no nos sirve y que nos impide o nos dificulta la renovación.

    Este signo tiene características muy positivas y necesarias como la generosidad y la solidaridad, pero suele ser excesivamente bonachón, y por esto se aprovechan de él. Hay que saber diferenciar entre ayudar al prójimo y echarse encima los problemas de los demás, para hacer lo primero y no lo segundo.

    El Cerdo es tolerante, amigable, amable, sociable, conciliador; detesta las peleas, los conflictos, las discusiones; permanentemente busca el diálogo y los acuerdos. Procuremos que ésta sea la actitud predominante entre nosotros.

    Este signo es regido por el elemento Agua, y el elemento Tierra es el regente de este año. Esta combinación (Agua + Tierra) es muy positiva, ya que la Tierra debe ser regada con el Agua suficiente para cultivarla, para que produzca. Esto significa que la cooperación y el trabajo en equipo son indispensables para lograr los objetivos.

    El Cerdo está asociado simbólicamente con el dinero, con la abundancia, con el ahorro. De hecho, la forma más comúnmente utilizada para elaborar alcancías es la de un cerdito. Esto nos recuerda que debemos administrar e invertir bien el dinero, y no malgastarlo.

alcancía

Jesús de Nazaret

Jesús y las riquezas

    Según los Evangelios, el Maestro Jesús se refirió en varias ocasiones a las riquezas y a las posesiones en general:

    Guardaos de toda avaricia, porque la vida del ser humano no consiste en la abundancia de los bienes que posee. (Lucas 12:15)

    Vended lo que poseéis y dad limosna. No os hagáis tesoros en la Tierra, donde el ladrón hurta y la polilla destruye; más bien, haceos tesoros en el Cielo…

(Mateo 6:19-20 y Lucas 12:33)

    No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mateo 6:24 y Lucas 16:13)

    Principalmente, Jesús hace un llamado en contra del afán desordenado de poseer y adquirir bienes materiales, pues son perecederos y –por tanto– no constituyen lo más importante en la vida del ser humano.

    La expresión “dad limosna” no se refiere a lo que entendemos actualmente como “limosna”, sino a que debemos ser generosos y solidarios.

    Jesús pide que en vez de acumular y dar tanta importancia a lo superficial y perecedero (“tesoros en la Tierra”), hagamos “tesoros en el Cielo”, es decir, que cultivemos virtudes, valores, que procuremos lo espiritual.

    Además, el Maestro Jesús afirma tajantemente que no se puede servir a Dios y a las riquezas, lo cual significa que quien da una importancia excesiva a lo material es porque no se cultiva espiritualmente; en cambio, quien se cultiva espiritualmente no da una importancia excesiva a lo material, sino sólo la necesaria. Asimismo, si se tienen riquezas, lo verdaderamente espiritual es que éstas sean utilizadas para ayudar al prójimo.

    Lo que critica Jesús no es simplemente el hecho de ser rico o poseer riquezas, sino el hecho de estar apegado a ellas y tener una visión materialista y superficial de la vida.

    Un muy buen ejemplo es el diálogo del Maestro Jesús con un “joven rico”:

   Un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué debo hacer para heredar la Vida Eterna?

    Jesús le respondió: Cumple con los Mandamientos: no robes, no mates, no cometas adulterio, no digas falso testimonio, honra a tu Padre y a tu Madre…

    El joven entonces dijo: Todo esto lo he cumplido desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

    Y Jesús le contestó: Una cosa te falta: anda y reparte todas tus posesiones entre los pobres, y tendrás Tesoro en el Cielo; luego, ven y sígueme.

    El joven se fue muy triste porque era muy rico, tenía muchas posesiones.

    Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas. Y también les dijo: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que confían en las riquezas.

(Mateo 19:16-23 / Marcos 10:17-24 / Lucas 18:18-24)

    La primera pregunta que hace el joven rico a Jesús es sobre “heredar la Vida Eterna”, como si esta se tratara de una posesión material, lo cual revela el materialismo del joven rico y su ignorancia acerca de lo espiritual.

    Jesús le responde aconsejándole cumplir los Mandamientos, es decir, que lleve una vida basada en valores morales, éticos y espirituales. Sin embargo, el joven afirma que ha cumplido todo eso desde su juventud; entonces Jesús le pide que “reparta sus posesiones entre los pobres” para que tenga “Tesoro en el Cielo”, lo cual es un llamado a que se libere de los apegos y del materialismo, y a que sea solidario y utilice su riqueza para ayudar al prójimo; y termina diciéndole “ven y sígueme”, lo cual es una invitación a que se cultive espiritualmente siguiendo las enseñanzas y el ejemplo de vida que él (Jesús) estaba dando al mundo.

    Pero el joven se fue muy triste porque era “muy rico”; esto hace que Jesús diga a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas, y también: Difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que confían en las riquezas.

    Ser “muy rico”, tener muchas “posesiones”, tener “riquezas”, confiar en las “riquezas”, todas estas expresiones se refieren a los apegos y al materialismo; el “joven rico” simboliza al ser humano con muchos apegos y materialista; por tanto, para entrar en el Reino de Dios es indispensable cultivarse espiritualmente y renunciar al materialismo y a los apegos, pues –como sabemos– buscar o procurar el “Reino de Dios” significa permitir que la espiritualidad, el amor, la solidaridad, etc., reinen en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra vida, dentro de nosotros y entre nosotros.

 

Jesús de Nazaret

El Reino de Dios

    Jesús invita al ser humano a procurar el “Reino de Dios”: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura. Además, Jesús predicaba que el Reino de Dios ya está entre vosotros (o también dentro de vosotros). En cualquier caso, hablaba del “Reino de Dios” como algo cercano y accesible, y no como algo lejano e inaccesible.

    Sin embargo, ¿qué es el “Reino de Dios”?

    Esta expresión puede interpretarse de distintas maneras. El teólogo brasileño Leonardo Boff señala que El Reino de Dios es un proceso que se va realizando a medida que el ser humano cambia su mente y su corazón. También puede referirse a un estado de conciencia, o al Ideal Crístico, es decir, el ideal basado en las enseñanzas y valores que Jesús transmitió: amor, solidaridad, espiritualidad, etc.; pues recordando aquello que expresó Jesús: El Padre y yo somos Uno, entonces el “Reino de Dios” es también el “Reino de Cristo”.

    Por tanto, buscar o procurar el “Reino de Dios” significa permitir que la espiritualidad, el amor, la solidaridad, etc., reinen en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra vida, dentro de nosotros y entre nosotros.

    Nota: En el Evangelio según Mateo se utiliza la expresión “Reino de los Cielos”, la cual es sinónima de “Reino de Dios”.

Símbolos

El Solsticio de Invierno y la Navidad

    Entre el 20 y el 23 de diciembre de cada año ocurre el Solsticio de Invierno en el hemisferio norte. Durante esos días, el tiempo sin luz solar es un poco mayor al tiempo de luz solar (las noches duran más que los días); pero a partir de entonces, el tiempo de luz solar aumenta poco a poco hasta llegar el Equinoccio de Primavera, en el cual se equilibra la duración de los días y las noches. Esto ha sido interpretado simbólicamente desde la antigüedad como el nacimiento (o renacimiento) del Sol o de la Luz; por esta razón, en estas fechas solían celebrarse distintas festividades relacionadas con el Sol o con el “nacimiento” de alguna “deidad solar”. Por ejemplo, una de las celebraciones más emblemáticas en la antigua Roma era el festival del Sol Invictus (Sol Invicto) o “Festival del Nacimiento del Sol Invicto”. En cuanto a la fecha, en el calendario juliano (calendario solar instaurado por Julio César) el Solsticio de Invierno era el 25 de diciembre; sin embargo, en el calendario gregoriano (promulgado por el papa Gregorio XIII en 1582, y el cual se utiliza en casi todo el mundo) el Solsticio de Invierno ocurre alrededor del 21 de diciembre.

La Navidad:

    Del latín Nativitas (nacimiento), es una festividad cristiana en la cual se celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret en la medianoche entre el 24 y 25 de diciembre de cada año.

    En la época del emperador Constantino, la Navidad empezó a celebrarse el día del Solsticio de Invierno para sustituir las festividades paganas, como la del Sol Invictus, y así tratar de convertir al cristianismo a muchos romanos paganos identificando a Cristo con el “Sol Invicto” o afirmando que Cristo era el verdadero “Sol Invicto”.

    En épocas posteriores, y con la finalidad de propagar el cristianismo, la Iglesia Católica fue sustituyendo en otras tierras las festividades dedicadas a “dioses solares” y estableció la Navidad como fiesta principal.

    Algunas vertientes del cristianismo no celebran la Navidad debido a que en la Biblia no se expresa con certeza la fecha del nacimiento de Jesús, y otras la celebran en una fecha distinta debido al calendario que utilizan.

nacimiento

Otras festividades y personajes:

    Otra festividad muy importante en la antigua Roma era la Saturnalia (Saturnales), festival pagano dedicado a Saturno (Kronos), dios del tiempo. Durante las Saturnales se intercambiaban regalos y se hacían banquetes, lo cual se sigue haciendo en las navidades actuales.

    En épocas más recientes se creó el personaje de Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás, el cual trae regalos a los niños en navidad. Este personaje está basado o inspirado en un obispo católico (y santo) del siglo IV llamado San Nicolás de Myra (o de Bari).

Simbología:

    El Solsticio de Invierno y la Navidad simbolizan renacimiento, renovación; por tanto, es un tiempo propicio para reflexionar acerca de nuestras acciones durante el año, renunciar a todo lo perjudicial y efímero, y cultivar cada vez más virtudes como la generosidad y la solidaridad; de esa manera, se producirá en nosotros un renacer, una renovación, y nos convertiremos en mejores seres humanos.