Nombres

Emanuel

    Del hebreo Immanu-El, que significa “Dios está con nosotros”. Emanuel es el nombre del Mesías según la Biblia: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Isaías 7:14), y en el cristianismo se afirma que Jesús de Nazaret es este Mesías (Mateo 1:18-25).

Emanuel en Hebreo

Emanuel en Hebreo

    El nombre Emanuel es sumamente místico; esto lo podemos apreciar si profundizamos en su significado: “Dios con nosotros”, “Dios está con nosotros”, “Dios está entre nosotros”, “Dios está en nosotros”; pero también nosotros estamos en Dios, estamos inmersos en Dios, somos Uno con Dios; nuestra “separación” en relación con Dios y entre nosotros mismos es aparente, ilusoria, temporal; en cambio, nuestra Unidad con Dios y entre nosotros es Verdadera y es Eterna. Los Grandes Mandamientos están basados en esa Unidad.

    El nombre Emanuel en algunos idiomas:

Alemán: Immanuel.

Catalán: Manel.

Español: Emanuel, Emmanuel, Enmanuel, Manuel.

Euskera: Imanol.

Italiano: Emanuele, Manuele.

Portugués: Manoel.

    Hipocorísticos: Manny, Manolo, Manolete, Manu, Mel, entre otros.

Adyashanti

Sólo el Uno percibe al Uno

El verdadero Cristo está en todos los seres,

o lo que es lo mismo, el Buda está en todos.

Y el único que puede percibir esto es el Cristo interior.

El único que percibe al Buda es el Buda interior.

El Uno interior es el único que puede percibir al Uno.

El yo nunca percibirá al Uno.

Mitología

Yggdrasil

    Según la mitología nórdica, Yggdrasil es el Árbol Cósmico o Árbol de los Mundos en cuyas ramas, tronco y raíces se hallan los nueve Mundos o Reinos (planos de existencia o dimensiones) que constituyen el Universo.

    El nombre “Yggdrasil” proviene del nórdico antiguo Yggr (el terrible, el temible; en referencia a Odín, rey de los dioses) y drasill (caballo, cabalgar), de modo que “Yggdrasil” significa “Odín cabalga”, pues se dice que Odín cabalga sobre su corcel Sleipnir a través de todo el Árbol y así recorre los distintos Mundos.

    Los Nueve Mundos o Reinos son los siguientes:

    Muspelheim: Mundo del fuego (literalmente “hogar del fuego”); es habitado por los Gigantes de Fuego.

    Asgard: Es el Reino o Mundo de los dioses, por lo cual también se le conoce como Gotheim (que significa “hogar de los dioses”); es regido por Odín, llamado también Wotan. “Asgard” significa “lugar de los Aesir o Ases”. Los Ases son el grupo conformado por el rey Odín y los demás dioses principales.

    Alfheim: Es el Mundo de los Ljosálfar o Elfos de la Luz, por lo cual este Mundo también es conocido como Ljusalfheim.

    Vanaheim: Es el Mundo de los Vanir o Vanes (deidades que rigen el mar, la naturaleza, la fertilidad y la prosperidad).

    Midgard: Significa “Tierra media” o “Tierra del medio”; es el Mundo de los seres humanos; por esto, también es llamado Mannaheim (hogar de los humanos). Asgard y Midgard están “conectados” por un puente en forma de arco iris llamado Bifröst, el cual es utilizado por los dioses para viajar entre estos Mundos.

    Jötunheim: Es el Mundo de los gigantes, los Jötnar, rivales de los Ases.

    Niflheim: Mundo de hielo y niebla perpetua (de hecho, su nombre significa “hogar de la niebla”); se encuentra en las raíces de Yggdrasil. En este Mundo solamente habita el dragón Nidhogg, que roe las raíces.

    Svartálfaheim: Es el Mundo de los Svartálfar o Elfos de la oscuridad.

    Helheim o Hel: Es el Mundo de los difuntos y de la oscuridad, gobernado por Hela (Helheim significa “Hogar de Hela”), diosa de la muerte, hija de Loki (ser maléfico considerado por algunos como una deidad). Se dice que el nombre de este Mundo es el origen de la palabra inglesa “Hell” (infierno).

    Yggdrasil simboliza la Unidad en la diversidad, la Totalidad y el Orden.

Yggdrasil

Reflexiones

Los Grandes Mandamientos

    En varios pasajes bíblicos podemos encontrar los siguientes mandamientos: Dios es Uno. Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

(Levítico 19:18 / Deuteronomio 6:4-5 / Mateo 22:34-40 / Marcos 12: 28-31 / Lucas 10:25-28)

    El Maestro Jesús llegó a afirmar que no hay mandamientos mayores que estos; incluso a una persona que le dijo que estos valían más que cualquier sacrificio, Jesús respondió: no estás lejos del Reino de Dios. Esto se debe a que practicar estos mandamientos equivale a amar a Dios totalmente, como veremos a continuación.

    Amar a Dios con todo tu corazón significa amarlo con devoción sincera y profunda. Amarlo con toda tu alma es agudizar cada vez más la intuición, la percepción, para darnos cuenta de lo que Dios es realmente y poder “verlo” en todo y en todos. Amar a Dios con toda tu mente es mantener la atención enfocada en lo Espiritual, en lo Esencial, en lo verdaderamente importante. Amarlo con todas tus fuerzas es dedicarse por completo a las mejores y más elevadas acciones.

    “Amar al prójimo como a ti mismo” es amar a Dios, pues el prójimo son todos los seres humanos y también –en un sentido más amplio– los animales, la naturaleza, los seres vivos en general, el planeta Tierra, el Universo entero, porque todos son manifestaciones de Dios, Dios está presente en todo y en todos, y todo y todos estamos inmersos en Dios, somos Uno con Dios, somos Uno y Dios es Uno; por tanto, lo que hagamos al prójimo nos lo hacemos a nosotros mismos y, por supuesto, a Dios. Cuando tomemos conciencia de esto, se despertará en nosotros el amor al prójimo en su totalidad, pues comprenderemos que amar sólo a algunos es amar a Dios parcialmente.

    Amamos totalmente si, por ejemplo, somos generosos y solidarios, si nos ayudamos mutuamente, si respetamos nuestras diferencias, si buscamos el bien para todos, si damos a los animales un trato digno, si no contaminamos el medio ambiente, etc.

    Para todo esto es fundamental entonces que te ames a ti mismo no de una manera egoísta, sino para cultivarte y poder servir mejor al prójimo.

    Así pues, podríamos resumir estos mandamientos de la siguiente manera: Amar al prójimo como a ti mismo es amar a Dios, porque Dios, el prójimo y tú, realmente, son Uno.

Palabras Mágicas

AZOTH

    Esta es una de las palabras más misteriosas del ámbito esotérico, específicamente de la Alquimia; y es muy importante la simbología relacionada con las letras que la componen.

    En la palabra AZOTH, la A se refiere a la “A” latina, la “Alfa” griega y la “Álef” hebrea; están representadas por la misma letra porque son esencialmente la misma letra, lo cual alude a “un mismo origen”, “una misma fuente” y también a la Unidad; además, las tres son el inicio de sus respectivos alfabetos; ergo, representan el “comienzo de algo”. Las letras Z, O y TH representan a la “Z” latina, la “Omega” griega y la “Tav” hebrea, respectivamente, las cuales son las últimas letras de cada uno de estos alfabetos; por tanto, simbolizan el “final de algo”; asimismo, son letras distintas, por ello simbolizan la diversidad. La palabra AZOTH, entonces, significa que el conjunto de cosas diversas que existen en el Cosmos tienen un mismo origen, una misma fuente; que todo comienza, termina y vuelve a comenzar, es decir, todo es cíclico; y que tras la diversidad se halla la Unidad.

    En una de las imágenes relacionadas con esta palabra observamos algunos “opuestos” (Águila y León, Sol y Luna) entrelazados formando una Lemniscata (Infinito), en referencia a la ya mencionada cualidad cíclica de todo, y simbolizando la Totalidad y la síntesis de los opuestos.

Azoth

Símbolos

Edén, Paraíso, Cielo…

    Según el Génesis (capítulo 2, versículo 8), Dios puso al primer hombre y a la primera mujer en un lugar llamado “Edén”, específicamente en un huerto o jardín (el “Jardín del Edén”), en hebreo Gan Eden (el Jardín de las Delicias).

    En la Septuaginta (versión griega de la Biblia) se empleó el término paradeisos (que en griego significa “huerto”, “jardín”) para referirse al “Jardín del Edén”; paradeisos pasó luego al latín como paradisus y posteriormente al castellano como “Paraíso”.

    Tradicionalmente, algunas religiones y corrientes espirituales nos dicen que el “Cielo” es una especie de dimensión o plano de existencia en el cual solamente hay paz y felicidad eternas, y al cual van las almas puras. En ocasiones, también se utiliza el término “Paraíso” con este significado.

    Sin embargo, todos estos términos pueden también referirse simbólicamente a un estado de Conciencia Espiritual, de Plenitud y Unidad con Dios.

    Adán y Eva representan al ser humano puro, pero ingenuo, inconsciente. Ese ser humano, que fue “expulsado del Paraíso”, ha tenido que padecer el sufrimiento propio de la existencia humana y tomar conciencia del mundo; ahora, de manera consciente, debe iniciar un proceso integral de disciplina y purificación que le permitirá luego “retornar al Jardín del Edén”, ir al “Cielo”, al “Paraíso”, es decir, alcanzar el estado de Conciencia, Plenitud y Unidad antes mencionado.