Jesús de Nazaret · La Biblia

Busca el Reino de Dios

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(Mateo 6:33 y Lucas 12:31)

Buscar «El Reino de Dios y su Justicia»

significa permitir que la espiritualidad,

el amor, la solidaridad…

reinen en nuestro corazón,

en nuestra mente, en nuestra vida,

dentro de nosotros y entre nosotros.

Esto es lo primero, lo más importante;

lo demás vendrá después,

y Dios nos ayudará a conseguirlo.

Símbolos

La Higuera

    La Higuera es un árbol muy importante en diversas culturas y religiones (Judeocristianismo, Hinduismo, Budismo, etc.) y es mencionada en sus textos sagrados.

    Por ejemplo, según el Génesis, la Higuera estaba presente en el Jardín del Edén. Adán y Eva se cubrieron con hojas de Higuera después de haber comido del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, al darse cuenta de que estaban desnudos:

En ese momento se les abrieron los ojos

y tomaron conciencia de su desnudez.

Por eso, para cubrirse, entretejieron hojas de Higuera.

(Génesis 3:7)

    Debido a sus características, tanto la Higuera como sus frutos, los Higos, tienen una simbología muy variada:

    La Higuera puede fructificar de manera abundante en terrenos distintos; por esta razón, representa la productividad y la prosperidad.

    El Higo es rico en carbohidratos y fibra, contiene muchas vitaminas y minerales, aporta energía y previene diversos padecimientos (especialmente del sistema digestivo); de modo que simboliza vitalidad y salud.

    Con respecto a las propiedades curativas de los Higos, en la Biblia (2 Reyes 20:1-7) se cuenta que el rey Ezequías estuvo gravemente enfermo a causa de una llaga o úlcera y logró sanar gracias a una “pasta o masa de Higos” que el profeta Isaías ordenó aplicarle en la llaga.

    La Higuera es símbolo de protección, pues este árbol suele tener una frondosa copa que protege de las inclemencias de los rayos solares.

    Los Higos tienen forma de testículo y contienen numerosas semillas en su interior, por lo cual simbolizan fecundidad, fertilidad.

    En la Biblia también se hace referencia a la Higuera como símbolo de paz. He aquí un ejemplo:

Ya no alzará su espada

nación contra nación,

ni se adiestrarán más para la guerra.

Cada uno se sentará

debajo de su Higuera,

y nadie perturbará su paz.

(Miqueas 4:3-4)

    En el Hinduismo, la llamada “Higuera Sagrada” o Ashvattha, cuyo nombre científico es Ficus Religiosa, es mencionada en textos como el Mahabharata (una epopeya de la India) según el cual “el hombre que adore el Ashvattha diariamente, adora el Universo entero”; en el Padma Purana (un Libro Sagrado del Hinduismo) se afirma que “una persona obtiene mayor beneficio espiritual plantando un Ashvattha que realizando cientos de sacrificios”; e incluso Krishna (deidad hindú) afirma en el Bhagavad Gita: “entre todos los árboles, Yo Soy el Ashvattha”.

    Precisamente en el Bhagavad Gita, el Ashvattha es descrito de manera simbólica como un árbol que tiene sus raíces arriba (Espíritu) y sus ramas abajo (Materia). Es un emblema de la Totalidad (Esencia-Existencia). Sus raíces simbolizan el Ser Supremo, la Causa Primera, la Raíz del Cosmos, el Espíritu Universal, la Esencia. Y sus cambiantes ramas representan el Samsara, el devenir empírico, la Existencia y su impermanencia.

    La Ficus Religiosa o “Higuera Sagrada” es conocida entre los budistas como el Árbol de Bodhi o el Árbol de Bo (el “Árbol del Despertar”, el “Árbol de la Iluminación”), pues se cuenta que debajo de un árbol como éste, Siddhartha Gautama (el Buddha) se sentó a meditar hasta alcanzar el Despertar o la Iluminación (Bodhi).

Leonardo Boff

Espiritualidad Ecológica

Del Artículo: ¿Es el Universo Autoconsciente y Espiritual?

    La Espiritualidad es el empoderamiento máximo de la Vida bajo las más variadas formas. En la Espiritualidad conscientemente vivida por el ser humano está implicado un compromiso de proteger y promover la Vida y permitir que continúe coevolucionando; no solamente la vida humana, sino toda la Vida en su inconmensurable diversidad y formas de manifestación.

    Para que vivamos el Cosmos como un ser vivo, para que vivenciemos la Tierra como Gaia (la Gran Madre, la Pachamama de los andinos) es preciso sentir estas realidades y la propia Naturaleza de la cual somos parte como fuentes vivas de Energía y entrar en comunión con todos los seres considerándolos como parientes, hermanos y hermanas, primos y primas y compañeros en la gran aventura del Universo.

    Efectivamente, todos tenemos el mismo código genético de base. Desarrollar tales percepciones significa demostrar que somos verdaderamente seres espirituales y vivir profundamente una Espiritualidad Ecológica, algo extremadamente necesario para la salvaguarda de la biosfera.

    El futuro de la Tierra, un planeta viejo, pequeño y limitado, el futuro de la humanidad que no cesa de crecer, el futuro de los ecosistemas agotados debido al gran estrés causado por los procesos industriales, el futuro de las personas confusas, perdidas, espiritualmente entorpecidas, que anhelan vidas más sencillas, auténticas y significativas: este futuro depende de nuestra capacidad de desarrollar una Espiritualidad verdaderamente ecológica.

    No basta con que seamos racionales y religiosos. Es más importante que seamos espirituales, en comunión con el Espíritu Universal y Cósmico, sensibles a los otros, dispuestos a cooperar con nuestra creatividad y a respetar a los otros seres de la Naturaleza, es decir, tenemos que ser auténticamente espirituales. Sólo entonces vamos a mostrarnos como responsables y benevolentes con todas las formas de vida, amantes de la Madre Tierra y adoradores de la Fuente de todos los seres y de todas las bendiciones que existen y están por venir: Dios.